lunes, 2 de enero de 2012

La última noche

       Sabía que pasaría la última noche del año sola y se le hacía raro. No eran pocas las veces que la había visto sonreír junto al que era su novio. ¿Qué se le pasaría por la cabeza a ese chalado para abandonarla? Para él estar con ella era un sueño utópico y sin embargo el imbécil no le dio importancia a tener que aprender a vivir sin ella. Sí, porque vivir con ella debería ser otro mundo, un mundo que él pretendía alcanzar esa noche: la última noche del año.
       Se vistió con una camisa blanca, unos pantalones negros y unos elegantes zapatos a juego. Le hizo un guiño a la tradición adornando la camisa con una delgada corbata roja y se abrigó con una chaqueta negra que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Por último roció su cuello con un aroma dulce pero no pesado. Agarró la bolsa y sintió como el contenido de ésta pesaba más de lo que debería, estaba nervioso.
       Cerró la puerta del piso y miró al frente, donde estaba el piso de ella. Un escalofrío le recorrió la espalda y en pocos segundos le dio tiempo a pensar miles de veces en abandonar la idea, al fin y al cabo ella era tan inalcanzable... <<¡Pienso hacerlo!>> Y sin más dilación anduvo los pocos pasos que separaban los dos hogares y llamó al timbre.
       Ella abrió la puerta. Estaba en pijama y con el cepillo de dientes en la boca. Le entraron unas ganas enormes de cerrar la puerta. ¿Qué hacía él allí? Además, ¿y ese traje, y esa sonrisa, y esa bolsa, y esos ojos brillantes? Apenas conocía su nombre, si incluso dejó de saludarlo porque se ex se lo había prohibido cuando estaban juntos... Le hizo un gesto con la mano para que pasara y él se sentó en un sofá que había justo delante de la televisión mientras que esperaba a que acabase con los dientes.
       Tras acabar con el cepillado sirvió dos copas de vino e intentó disculparse.

       -Lo siento, no esperaba a nadie -se sentó a su lado.
       -¿No ibas a tomarte las uvas?

       De repente sintió que aquella voz era muy cálida, limpia, tranquila. Le encantó ese tono y se maldijo por no haberlo notado antes.

       -¿Para qué? Es una tontería.
       -Yo no lo veo así.
       -¿Y cómo lo ves? Hace un año estaba justo aquí con... -ni si quiera quería pronunciar su nombre-. Y ahora ya ves.
       -Bueno, ahora estoy yo.
       -Dime, ¿por qué es importante para ti?
       -Doce campanadas, doce deseos. Uno por casa mes del nuevo año.
       -Nunca se cumplen.
       -Porque no nos esforzamos en que se cumplan. Para que se cumpla uno de los míos he tenido que echarle valor.
       -¿Y mereció la pena?
       -La está mereciendo -le guiñó y a ella se le escapó una sonrisa.

       Él encendió la televisión. La presentadora anunciaba que al año tan solo le quedaban cinco minutos. Aún así él se lo tomó con calma. Sacó de la bolsa un cuenco con uvas y lo colocó a la vista de ella, después deshizo el nudo de su corbata y se la quitó, agarró el brazo de la chica con delicadeza y le puso la corbata por debajo del hombro.

       -Ahora estás preparada.

       Se despreocupó por un momento de ella, se hizo con unas cuantas uvas y cuando llegó el momento empezó a tomárselas.
       Ella no se tomó la primera, pero tras ver que la cosa iba en serio, lo acompañó en las otras once.
       Se felicitaron el uno al otro y apuraron lo que quedaba de vino en las copas.
       Ella aflojó el nudo de la corbata que tenía en el brazo y se la colocó a él alrededor del cuello. Cuando apretó el nudo tiró de él hacia ella y lo besó.

2 comentarios:

  1. Me encanta. Que tierna y bonita esta historia. Ojalá que este nuevo año le traiga a ella mucha felicidad junto a él (se la merece)
    ¡Un saludo enorme!

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  2. Esperemos que todos los amores del año nuevo vayan bien y que disminuyan los asesinatos: el amor no debería matar.

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