jueves, 8 de septiembre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 2

Han quedado para estudiar un examen... Ya, claro. ¿Alguien se lo cree? Lo peor que puedes hacer para estudiar es quedar con alguien. La concentración dura lo que dura el silencio y, el silencio, no hace acto de presencia ni un solo minuto. Hay tantas cosas de las que hablar, tantas tonterías que decir, tantos planes que hacer, tanto que imaginar... Pero ahora, tras dos horas hablando de esto y de aquello, parece que se lo han tomado en serio. Llevan una media hora sin charlar. Ambas estudian lo mismo, ambas para el mismo examen, pero cada una con su libro, sus esquemas y sus apuntes. ¡Nada de compartir! Compartir tan solo sería una excusa para empezar a parlotear de nuevo.
Una melodía acompañada de vibración interrumpe el silencio. Las dos amigas se miran. Ainhoa mata con la mirada a Noelia. Noelia se disculpa con una leve sonrisa y contesta a la llamada.

-¿Sí? Ah, hola ¿qué tal? ¿Dónde el otro día? No sé, estamos estudiando. Sí, Ainhoa está conmigo. No seas así, no es que no queramos, es que nos jugamos la asignatura. Ya, bueno, tienes razón, me juego, la muy zorrilla siempre saca buenas notas… -Ainhoa hace como si se enfadara al notar que esa “zorrilla” es ella. Noelia le sonríe para calmarla-. Está bien, está bien. Si podemos vamos, pero no te prometo nada… Vale. Saluda a los demás de mi parte. Adiós -pulsa el botón rojo.

Noelia junta las manos en posición de rezo. Como un devoto cuando reza a Dios, sólo que en este caso no sería un devoto sino Noelia y no sería un Dios sino Ainhoa.
Ainhoa contesta antes de que su amiga pregunte nada. Ya sabe por donde van los tiros.

-¡No! Ni lo pienses. ¿Sabes que es tu última oportunidad de aprobar?
-Por favor. Te prometo que cuando llegue a casa estudio.
-¿Cuándo estés medio borracha y no sepas lo que haces? ¡Qué no! Además ya sabes que no va conmigo todo eso de las discotecas.
-No seas así.

Insiste, insiste, insiste y vuelve a insistir.



El pelo castaño oscuro, casi al rape por los lados y un tanto desordenado por la parte superior. Ojos brillantes, intensos y de color miel. Nariz y labios perfectos. Algo moreno de piel, lo justo, aunque él en ningún momento ha calculado cuantas horas debe estar al sol para conseguir ese tono.
Impaciente, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en el gran edificio cristiano. ¿Qué hora será? ¿Dónde se ha metido Julio? Ya es tarde. Los niños vuelven a sus casas, quizá más por miedo a las madres que por miedo a las calles, las farolas hacen un rato que se encendieron y las tiendas ya han cerrado sus puertas.
Dos chicas pasan por su lado. Una morena y rellenita aunque muy guapa de cara no deja de reírse y la otra, rubia, algo más alta y bastante más esbelta se limita a parlotear. Por las carcajadas de la morena, la rubia debe ser una gran cómica. Cuando se alejan un poco, la rubia aprovecha una distracción de la amiga y se gira para dedicar una sonrisa a Erik. Él responde de igual modo al ver el color de sus ojos. Azules. Le recuerdan a la chica de la noche anterior. Se lleva la mano a la cara sin darse cuenta. No, ya no duele. La encontrará. Sí, definitivamente, ése será su nuevo objetivo.
Alguien le da una colleja y hace que se centre en el presente. Pelo rapado, rubio, aunque no se nota, ojos azules y una pequeña cicatriz en la ceja. La chica de la noche anterior desaparece para dar paso a Julio. ¡Al fin!

-¿Dónde coño te metes?
-Tenía cosas que hacer.



Tan pronto como llegan a la discoteca, Noelia se pierde y ella se vuelve a quedar sola como tantas otras noches. Odia cuando su amiga se comporta así. Pero en fin, ¿todos tenemos defectos, no? Pues ése es el de Noelia, le pierde la fiesta, las amistades, los novios y todo lo que tenga que ver con la noche. Luego le tocará a ella aguantarla cuando suspenda el examen.

-¿Ainhoa?

Quien ha pronunciado su nombre es un chico. Rubio, ojos marrones y pelo un poco largo y peinado hacia atrás con algo de gomina. Es Adrián. Respira aliviada. Al menos ya no está sola.



Nos alejamos del grupo. Pasamos a empujones entre más de un inexperto bailarín, joder si no sabes bailar ¿para qué bailas? Hay que marcarse límites. Yo, por ejemplo, soy de los que lo admite, no se bailar suelto y punto. Pero no, siempre tiene que haber algún tocapelotas medio borracho que no te deja pasar hasta que no veas sus “increíbles” pasos de baile. Absurdo. A pesar de todo, conseguimos llegar a nuestro destino.

-Dos cubatas -pide Julio.

Nos apoyamos en la barra y reanudamos nuestra conversación. Ahora más tranquilos.

-Así que quieren que seas policía. ¿Qué quieres que te diga? Eres tonto si no aceptas. Es tu oportunidad de ganar dinero de una forma normal.
-Se te olvida que no me piden ser policía, me piden meter en la cárcel a Cavallari. Además yo no estoy en lo de las peleitas por el dinero y lo sabes.

Da un trago al cubata. Quizá para atreverse a decir lo que me va a decir.

-¿Por qué no dejas la tontería de la venganza? Llevas ya más de un año y aún no has conseguido ni una pista. Igual Cavallari no sabe nada del asunto.

De ser otra persona le habría roto el vaso en la cabeza, pero no, a Julio se lo perdono todo. Me limito a ignorar sus consejos y cambio de tema. Señalo con la barbilla a las chicas que hay bailando.

-Llevas un tiempo a dos velas…
-Ya, es que estoy esperando a que crezca tu hermana.

Pum. Otro golpe de los que llegan al alma. ¡Hoy está fino! Pero también se lo perdono.
Julio me señala a una chica que baila muy pegadita a un tipo. Laura. Siento que me hierve la sangre, el pulso se me acelera. Recuerdo a Alex, mi hermano. Recuerdo lo enamorado que estaba de Laura. ¿Qué pasa? ¿Ella ya no se acuerda de él? Mi hermano. Siempre dispuesto a sonreírle, a hacerle regalos, a llevarla de viaje, a sorprenderla… ¡Incluso yo envidiaba su amor! Y ella lo conmemora refregándose con otro… No logro contenerme.
Cojo el vaso de licor y me voy hacia ellos decidido. Julio intenta evitar mi reacción a voces, pero es absurdo. Cojo a Laura por la espalda, la elevo y la aparto del cuerpo del tipo. El chico me mira desconcertado. Le dedico una leve sonrisa y después le golpeo duramente con el puño izquierdo -con el derecho sigo sosteniendo el vaso-. El chaval cae al suelo y, desde abajo, me lanza patadas que esquivo sin dificultad. Cuando se cansa de lanzar sus piernas al aire, me acuclillo para verle de cerca la cara.

-¿Es tu hermana? -pregunta acelerado. Niego con la cabeza-. ¿Tu prima? -misma respuesta. Y la siguiente la lanza incluso asustado-. ¿Tu novia? - esta vez no respondo, pero deduzco que él entiende lo que no es-. Lo siento, no lo sabía, no me lo ha dicho…
-No, no es mi novia -miro a Laura-. Pero ¿sabes qué? Tus hormonas necesitan relajarse. No se puede ir por la vida detrás de un polvo. No, eso no funciona así. Voy a darte clases prácticas para relajar a tu amiguita de ahí abajo -le señalo la bragueta y le enseño el cubata. Tapo el orificio del vaso dejando solo una rajita libre y derramo el líquido por su cara de manera que los cubitos de hielo siguen en el vaso-. El problema es que a mí me da asco tocar ahí -miro a Laura. Sería humillante y divertido hacer que fuese ella la que le metiera los cubitos por los calzoncillos, pero no. Con las chicas no me meto y menos con la chica que durante un tiempo hizo feliz a mi hermano -. Métete los cubitos por los calzoncillos.
-¿Qué?
-¿No hablo claro? ¡Qué cojas los putos cubitos! -vuelco el vaso en la palma de la mano del chico y le entrego el agua congela. Al tenerlos entre las manos, un escalofrío recorre su cuerpo.

Laura intenta salvarlo.

-Venga, ya ha tenido bastante.

La ignoro.

-¿A qué esperas?

El chico traga saliva y empieza a cumplir mi orden. Me giro levemente para buscar la sonrisa de Julio. Espera. ¿Está hablando con una chica? Después de todo ha ligado. Advierto como uno de los porteros se acerca a la “escena del crimen” y desaparezco perdiéndome entre la gente. No quiero problemas. Me meto en el baño y me cruzo con mi imagen reflejada en el espejo. La misma de siempre excepto por los ojos rojos. Mierda de humo… Me echo agua en la cara y vuelvo a salir.



Vuelve a mirar el reloj. Una y media de la madrugada. ¿Dónde se ha metido? A veces ni ella sabe porque la tiene como amiga… La consigue llevar a todos lados contra su voluntad y, por si fuera poco, ¡encima no se deja ver! Adrián cada vez está más pesado. No deja de hablar y ella no lo soporta más. Quiere irse y eso solo lo conseguirá encontrando a Noelia.

-Perdona Adri, pero no se donde está Noelia y ando preocupada.
-¡No te preocupes! Yo seguiré aquí si no das con ella…

La ve marcharse. Ha estado a punto. A punto de confesarle su amor. Pero nada. El mismo resultado de siempre. Tiene tanto miedo a no ser correspondido que no se atreve a decirle nada. Quizá algún día. Otro día.

martes, 6 de septiembre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 1


<<Ojos azules. Y ahora sé que he mentido cada vez que me han preguntado por mi color favorito. Después de ver ese azul parece un insulto decir que prefiero el amarillo. Sí, definitivamente, esos ojos han sustituido al sol. Ahora creo haber estado ciego toda mi vida. ¿Por qué se me ha ocultado la existencia de ese azul? Me siento estafado. ¿Dónde está la hoja de reclamaciones? Quiero demandar al arco iris por haberme escondido el color de esos ojos. Serán míos>>.
Un duro golpe con el puño cerrado hace que aparte la mirada de la chica y se centre en el combate. Se palpa con los dedos el labio inferior. Bien. No hay sangre.
Su oponente es un flacucho al que no parece importarle la palabra gimnasio y del que se pone en duda que conozca el verbo comer. Se podría definir como el antónimo de la hipertrofia muscular. Lleva el pelo largo y desgreñado, ¿cuatro días sin peinarse? quizás más y quien sabe cuantos sin lavárselo. Todo un sex symbol...
El de los enredos en el pelo vuelve a lanzar otro ataque. Esta vez Erik lo bloquea con su brazo izquierdo y con la rodilla derecha golpea en el estómago del de pelo largo. Tocado y hundido de un solo rodillazo. El flacucho cae al suelo. Erik observa como se retuerce y utiliza sus gemidos como banda sonora de su dolor.
Cavallari no cabe en si de alegría. Sabe que Erik es bueno, pero nunca le había visto ganar tan solo con un golpe. Aunque, dicha sea la verdad, aún no ha ganado nadie, pero es cuestión de tiempo.
El árbitro entra en el improvisado ring -que no viene a ser otra cosa que un círculo humano-. Hace unas preguntas al luchado que hay tirado en el suelo. El de pelo descuidado contesta de forma incoherente. Ya parecen ser oficiales las sospechas de Cavallari.

-Declaro ganador a -deja pasar los segundos en un intento de crear tensión. No lo consigue. Todos los presentes esperan que pronuncie el mismo nombre- ¡Erik!

Amantes de la violencia, discípulos de Marte, curiosos y fans de las peleas ilegales estallan en aplausos. Erik y Cavallari sonríen. El jefe sabe que acaba de conseguir dinero fácil y el luchador confía en estar más cerca de saciar su sed de venganza. Erik sale del centro del círculo humano y Cavallari lo abraza tan pronto como se lo encuentra.

-¡Eres grandioso campione! -siempre tan insistente con su querido italiano.

Que oportuno… Erik se libra de él como puede. Siempre con algo de respeto ya que no es conveniente dejar plantado al tipo que controla el negocio de las peleas ilegales y menos cuando sabes que siempre va armado y que es de gatillo fácil.
Empieza a buscar desesperadamente ese azul que, minutos atrás, lo tenía tan entretenido. Maldita sea, ¿dónde están esos ojos? Advierte a una chica que camina sola y a paso rápido. Quizá intenta escapar de ese circo de violencia. Erik corre tras ella y la agarra del brazo para frenarla. La chica se gira. Pelo largo, liso y de color castaño claro, labios naturales, sin ningún tipo de pintura y ojos... ojos que son más preciosos vistos de cerca. Azul. Es ese azul. Lo ha encontrado. Debe decir algo o quedará como un estúpido, pero no puede articular palabra. La chica toma la iniciativa.

-¿Qué quieres?
-A ti.

La de cabellos bronceados no se toma bien la respuesta. ¿A qué se refiere ese bruto? ¿Acaso quiere hacerle daño a ella también? Ya se imagina los titulares: "Hija de policía acaba siendo asesinada por jugar a los detectives con la mafia de las peleas ilegales". Demasiado largo para ser un titular... De todas formas, lo mejor será cortar por lo sano. Le da un guantazo al luchador y sale a correr como si se le fuese la vida en ello.
Erik se queda quieto. Tan solo mueve su mano para llevársela a la mejilla, Escuece, pica y ¿quema? sí, se podría definir así, es como si le hubiesen acercado un mechero a la cara. Alguien le toca el hombro y hace que se olvide del dolor.

-¿Erik Rivas?

Se vuelve para mirar a quien pregunta por él. Moreno, pelo corto, atlético y con la barba dejada. ¿Quién es ese tipo? No lo ha visto en su vida.

-Depende de quien seas -le contesta.

El hombre saca de su cartera una tarjeta y se la muestra.

-¿Eres Erik Rivas para un policía?



Están en casa del policía. Santiago Garrido. Segundo al mando de un nuevo proyecto.

-A ver si te he entendido… La idea es que Cavallari me mate ¿Es eso?

Santiago suspira.

-¿Quieres dejar de decir estupideces? Sólo quiero que colabores.
-¿Tú estás loco? Me estás pidiendo que sea policía.
-Eso no es malo.
-Está bien, me estás pidiendo que sea policía y que meta en la cárcel a Cavallari.
-Tú lo conoces bien, de ti no sospecharía.
-¡Claro! -exclama con ironía-. No sospecharía nada cuando le ponga unas esposas y le diga: <<vamos a dar un paseo>>. Es ridículo. Conmigo no cuentes -se levanta de la silla y se dirige a la puerta de salida-. Ábreme.
-Está abierto.

Erik gira el pomo de la puerta y la abre, pero justo cuando va a dar el primer paso para escapar, Santiago vuelve a la carga.

-Te juro que si sales sin aceptar lo que te ofrezco, te puedes considerar en juicio. Tengo pruebas para llevarte ante un juez y para que te encierren.
-Eres patético -sale dando un portazo.

Sí, sí que lo soy. Sería incapaz de llevarte a juicio después de haber conocido a tu hermano.
El móvil de Santiago suena.

-¿Santiago? Soy Carlos. ¿Has estado en El Descampado?
-¿Qué si he estado? ¡Me he encontrado con el hermano de Alejandro Rivas!
-¿El hermano?
-Sí, le he ofrecido que nos ayude con lo de Cavallari, pero no cede.
-Tarde o temprano vendrá a nosotros como hizo Alejandro.
-Eso espero.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Estoy de vuelta y con nuevo blog.

¡Hola a tod@s! 
Lo primero que haré en este blog será dar las gracias has los que habéis leído tanto el fic de "Los Protegidos" como el de 3MSC y también al que ha visitado mis blog alguna vez  ya sea para informarse sobre la 1ª temporada de Los Protegidos, para leer o ha entrado por error.

Y ahora a explicaros de que va este nuevo blog... 
He creado Coleccionista de Deseos para publicar mi nueva historia principalmente, pero también para desahogarme y abriros las puertas de mi mundo para que conozcáis mis gustos y mi forma de pensar. Podría a ver cambiado el nombre de mi último blog y continuar allí, pero me ha parecido mejor respetarlo y dejarlo como está aunque eso suponga empezar de cero y sin seguidores :( La historia que voy a empezar a publicar en breve no tiene nombre, estoy buscándolo, si a alguien se le ocurre algo que no dude en proponérmelo.

La nueva historia que no tiene nombre.
Escribir la continuación de "A Tres Metros Sobre el Cielo" me caló y sentía necesidad de seguirla (cosa que es imposible porque me cargué al bueno de Step... ¿a quién se le ocurre?) Para salir del bache le metí caña al bolígrafo por la noche y al teclado por la mañana para buscar algo diferente, pero que me recordase un poco a "Hasta el infinito y más allá" y de ahí nace... De ahí nace lo que voy a empezar a publicar en breve... (en serio, hay que encontrarle un nombre rápido).
 Sinopsis:
Erik se encuentra esa noche en El Descampado, el lugar en el que se da cita la mafia de las peleas ilegales. El forma parte de esa mafia, es un luchador de Cavallari, uno de los más respetados del negocio. Pero a Erik no le ha llevado hasta allí el dinero, ni si quiera está interesado en ser alguien respetado. Erik no busca algo sino a alguien: al asesino de su hermano.
Pero esa noche, Erik se topa con algo que no esperaba, algo que le llama la atención... ¿De dónde han salido esos ojos azules?