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jueves, 15 de septiembre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 5


En cuanto llegamos, Julio sale corriendo mientras se quita la ropa, yo prefiero tirarme un rato a la sombra del gran árbol. El mismo árbol que parece no tener fin nunca. Yo pienso que incluso los pájaros tienen vértigo cuando se posan en su copa. Es increíble. ¿Cuántos años tendrá? Seguro que, por los menos, supera los cien. Quien sabe, quizá bajo esta misma sombra han descansado soldados de la guerra civil. ¿Cuántas cosas habrá presenciado este árbol? Quizá muertes, amores imposibles, injusticias… ¡Qué más da! Es solo un árbol.
Hace algún tiempo atrás me hubiese parecido imposible plantearme lo que me planteo hoy. Pero después de que, a lo mejor sin darse cuenta, me lo halla pedido mi hermana… Dejar a Cavallari. Parece de locos. Es de locos. Pero por otra parte Julio lleva razón, quizá el italiano no sepa nada de la muerte de mi hermano y mientras estoy trabajando para él se está aprovechando de mí. Hay que aceptar que pegar guantazos desahoga, pero joder, lucho contra gente que no conozco de nada, quizá si los conociese nos haríamos amigos y todo y, sin embargo, ni hablamos, tan solo tenemos una cosa en mente: destrozar al otro. Pero dejarlo no sólo traería cosas buenas, también conllevaría que Cavallari me odiara y me pusiese en su punto de mira. Sería un fugitivo. Su fugitivo. Y yo no confío en que pudiese escapar eternamente. Recuerdo a aquel tipo que iba tras él, ¿cómo se llamaba? A sí, Santiago. Santiago Garrido. Un policía que lleva tras Cavallari tres años y aún no ha conseguido encerrarlo. O sea, que si le digo adiós a Cavallari no puedo confiar ni en la policía. Joder. ¿Hay alguna escapatoria?
De repente unos pocos litros de agua fría me empapan la cabeza. Me froto los ojos y cuando los vuelvo a abrir veo a Julio corriendo y con una botella en la mano.

-¡Te vas a enterar!

Salgo corriendo tras él. Lo veo lanzarse al lago y me mira desafiante. Me quito rápidamente la ropa y yo también me tiro al agua. Una vez los dos dentro, le persigo nadando y le sumerjo la cabeza en el agua unas cuantas veces entre risas.



La escena es, cuanto menos, curiosa. Estoy en cuarta fila, en el pupitre que pega a las ventanas de la izquierda y mire a donde mire solo veo a alumnos abanicándose con abanicos artesanos de papel. Alguno que otro más ingenioso, pero más desastre, ha arrancado la portada de cartón de la libreta y no deja de agitarla para hacerse aire. El profesor de física está sudando y mientras explica se hace aire con la mano. Está un poco gordo y es asqueroso ver sus sobacos bañados en sudor. Pero nadie tiene derecho a reírse de él. Es algo normal si cuentas con que son los últimos días de clase, estamos a última hora y hace un calor asfixiante. Ahora mismo no me importaría estar en aquel lugar de mis sueños, el de la hierba y el lago. Aunque tuviese que estar con Erik. Juro que no me importaría.
El chico que ha arrancado la portada de su cuaderno alza la mano para pedir el turno de palabra. El profesor interrumpe su explicación y se lo concede.

-Profe, hace mucho calor y yo así no me entero de nada. Como queda poco, ¿Por qué no deja de explicar?

La sonrisa del profesor desvela que a él también le encanta la idea pero, como suele ocurrir en estos casos, le puede el oficio.

-Yo también tengo calor, pero hay que acabar el tema. Tan solo quedan unos días de clase. Ya tendréis tiempo para descansar.

Y vuelve con sus queridas moléculas y átomos.
Echo un vistazo a Noelia, que está a mi lado y la veo sumergida en un trozo de papel que tiene entre las manos. ¡No me lo puedo creer! Ha imprimido la foto del chico. Como una cabra… En fin, ella al menos está entretenida. Alguien me toca el hombro, yo me vuelvo con disimulo y la chica que ha llamado mi atención me da una nota. Miro hacia todos lados intentando descubrir quien es el remitente, pero es como si toda la clase me ignorara. La abro. <<¿Te hizo algo el chico que te llevó a casa?>> Me la debe haber enviado Adri. Lo extraño es que se acuerde con la borrachera que tenía. Le contesto. <<Es un poco creído, pero no hizo nada como para denunciarlo>> Me gustaría decirle que le robó el coche pero ¿para que enredar las cosas? Al fin y al cabo Adrián ni se ha enterado así que supongo que Erik  se lo devolvería. Al poco tiempo llega de nuevo el papelito a mí. <<¿Te contó algo sobre mí?>> ¿Qué si me contó algo sobre él? No entiendo la pregunta. <<No, no lo hizo>>. Lo espío mientras desenvuelve la nota y veo como respira aliviado. Después la rompe y se guarda los pedacitos en el bolsillo de la chaqueta.



Nos volvemos a vestir en silencio, pero Julio lo rompe de la manera que menos me espero.

-Creo que tengo novia.

Toma ya. ¿Y yo ahora qué le digo? Él me sonríe esperando que yo responda algo y yo no dejo de buscar las palabras adecuadas. Nunca me habían dicho algo así.

-¿Cómo que “crees”?
-Que no estoy seguro. La conocí anoche.
-¿Cuándo desapareciste? -asiente-. Y, ¿te has enamorado?

Rara, la pregunta no suena diferente, suena rara. ¿Cuándo hemos hablado Julio y yo de amor? Nunca. Esto es nuevo. No se que decir. No soy un experto en dar consejos de ese tipo. Después de todo, Julio tiene corazón. De puta madre. Primero Laura y ahora él. Parece ser que yo soy el único que no está en una nube.

-¡No digas tonterías! ¿Enamorarme? ¿Te estás escuchando?

No sé porqué, pero el tono de su voz me hace entender que miente. O sea, que está enamorado y le da vergüenza decírmelo. Pero a ver, si no lo está ¿por qué ha sacado el tema de buenas a primeras sin venir a cuento? Se le ve el plumero y yo tengo dos opciones: reírme de él o intentar que se sienta cómodo.

-Oye Julio, si estás enamorado no pasa nada.
-¡Qué no estoy enamorado!
-Me puedes contar cualquier cosa, no me voy a reír.
-¿Quieres dejar ya el tema?
-Vale, vale. Como quieras.

Caminamos en silencio y de buenas a primeras inicia otro tema de conversación que tampoco estaba previsto.

-¿Sabes que me han hablado de un policía?
-¿Un policía?
-Va tras Cavallari.
-¿Y tú desde cuando buscas policías?
-Lo conoce una amiga mía.

Me da la impresión de que esa “amiga” suya es la misma chica de la que “cree” ser novio.  Aún así, hago como si nada.

-No será con el que estuve hablando el otro día, ¿no?

Niega con la cabeza.

-Se llama Carlos Lucena. ¿Te suena?
-No.
-Creo que deberías hablar con él.

Me gustaría decirle que estoy barajando la posibilidad de dejar las peleas ilegales y a Cavallari, pero me aguanto las ganas. No quiero anunciar nada hasta que sea oficial y aún no hay nada decidido.

-Ya veremos.

Monto en la moto. Una Yamaha r1 en color negro y con unos toques en dorado. Julio sube detrás de mí.



Entro en casa y lo primero que veo es la chaqueta del uniforme de mi padre colgada en la percha. Mi padre es policía y a mi me gustaría seguir sus pasos. Eso de acabar con todos los malos, defender a los buenos e intentar hacer que reine la paz debe ser el mejor trabajo del mundo. Es como ser un superhéroe, pero sin más poder que tu valentía y tus ganas de luchar. Me encanta.
En el comedor la comida ya está servida. Mis padres están en el salón viendo la televisión. Siempre que llego del instituto me los encuentro allí. Yo creo que ven la tele para entretenerse hasta que yo llegue a casa y así contener sus ganas de empezar a comer. Los beso y ellos me sonríen. Al poco tiempo estamos sentados en las sillas del comedor y ante la mesa o, lo que es más importante, la comida. Comemos entre preguntas tipo: <<¿Cómo te ha ido el día?>> Me encanta mi familia en ese aspecto. No somos la típica familia que se sienta a comer en silencio y viendo la televisión. Nosotros comemos mientras no paramos de hablar y reír.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 4

Entro en casa con cuidado de no hacer ruido. Mi madre y mi hermana deben estar durmiendo. Casi siempre están dormidas cuando yo llego, cosa que, por otra parte, es normal si llegas sobre las tres o las cuatro de la madrugada… y eso cuando llego. Entro en mi habitación y caigo en la cama rendido sin ni siquiera quitarme los zapatos. Escucho como alguien abre la puerta de mi dormitorio lentamente.

-¿Erik?

Me levanto de la cama y la veo. Pequeña, pelo largo y negro y unos ojos que, incluso a estas horas, desprende ese brillo mágico. Es mi hermana pequeña, Lucía. Mi punto débil.

-¿Qué haces aquí? Es muy tarde.
-No puedo dormir.

Voy hacia ella, vuelvo a cerrar la puerta que da a mi habitación, la cojo por la cintura, la siento en mi cama y yo me acuclillo delante de ella para estar a la misma altura.

-¿Por qué?
-He tenido una pesadilla.
-¿Qué has soñado?
-Venía un monstruo que se llevaba a mamá, a ti y después venía a por mí.

Un monstruo que se lleva a mi madre y a mí y después se lanza a por Lucía. Esta pequeñaja acabará haciendo cine o escribiendo libros, seguro.

-Ven aquí.

La bajo de la cama, echo la sábana hacia atrás y tumbo a mi hermana sobre el colchón. Yo me vuelvo, me desnudo, me cambio de ropa interior y me dejo caer junto a ella.

-Erik.
-Dime.
-¿Has visto a Alex?

Nadie ha sido capaz aún de contarle la verdad a mi hermana. Mi madre dice que es muy pequeña, a mi padre ni lo vemos y yo me limito a seguirle el juego me diga lo que me diga. Pienso que mi madre tiene razón. Tan solo tiene seis años. ¿Cómo le explicas a una niña de seis años que a su hermano lo han asesinado?

-No lo he visto.
-¿Cuándo va a volver?
-Está muy lejos. Creo que tardará mucho.
-Pero algún día vendrá ¿no?

No se que responder así que intento que se duerma.

-Lo mejor ahora es que cierres los ojos. Mañana hay cole.

En un primer momento respiro aliviado al ver que me ha hecho caso, pero no tarda en lanzar otra pregunta.

-¿Tú te irás?
-¿Por qué dices eso?
-Mamá dice que te has montado en el coche del señor que se llevó a Alex. Por favor, no vuelvas a irte con ese hombre.

Me hundo. No puedo evitarlo. Me han pedido dos veces en pocas horas que deje tirado a Cavallari. Julio y mi hermana. Las dos únicas personas por las que daría mi vida. Las dos únicas personas a las que se lo perdono todo. Pero no. No puedo dejar de luchar para Cavallari. Eso sería abandonar a mi hermano. Lo dejaré en cuanto encuentra al cabrón que lo mató.

-Te juro que yo no me voy a ir a ningún lado.
-Mamá dice que jurar está mal.
-¿Entonces?

Saca una de sus manos de entre las sábanas y pone firme su dedo meñique.

-Prométemelo con el meñique.

Sonrío.

-Está bien -enredo mi meñique con el suyo-. Te lo prometo con el meñique.



Hace calor, pero debajo de la sombra de este árbol se está perfectamente. El clima adecuado. Estoy tumbada sobre la hierba y me dedico a juguetear con una mariquita pasándomela de una mano a otra. El pequeño insecto es incansable, no deja de caminar con sus cortas patitas intentando escapar de mis manos, pero por muchas vueltas que da siempre acaba en el mismo sitio. Cuando pasa un tiempo decido ponerla en libertad y como si se tratase de una señal, aparece él. Lleva la ropa en la mano y tan solo viste unos calzoncillos. Viene mojado así que deduzco que ha estado dándose un baño en el lago que hay algo más allá. La verdad es que este sitio es impresionante, no logro entender porque solo venimos nosotros dos. Erik se tumba a mi lado y me empieza a acariciar el pelo. Se acerca lentamente a mi oído y me susurra con voz cálida.

-Te quiero.

No es la primera vez que me lo dice, pero me ruborizo. Supongo que será por como lo hace. Por como sus labios rozan mi oreja y por como el susurro, de alguna manera u otra, es acogedor. Como esas noches de invierno en las que se junta toda la familia y aunque estaríamos más cómodos sentados en la mesa con el calor de la estufa y viendo la televisión, preferimos estar sentados frente a la chimenea y empezar a hablar y a reír y a recordar viejos tiempos y hacer proyectos y el silencio tan solo sirve para escuchar crujir la leña y las horas pasan volando de forma que al final resulta que acabas sintiéndote mejor frente a la chimenea que frente a la tele.

-Yo también -le respondo.

Pero no. Mis palabras no suenan igual y entonces me siento mal por él. Mal porque yo no sé hacerle sentir de la misma forma que él me hace sentir a mí. No logro poner la voz tan apagada en volumen y tan encendida en valor. Es extraño de explicar. Me compadezco de él. Quisiera que por una vez sintiese lo que yo siento al tenerlo delante. Y entonces me entran los nervios. No entiendo porque está conmigo. ¿Lo hace por pena? Yo no me veo ninguna virtud, soy de lo más normal, pero en cambio él… él para el mundo cuando sonríe, él frena el sufrimiento cuando me abraza, él paraliza el tiempo cuando me besa, él me hace sentir en casa cuando me habla… ¿Qué ha visto en mí? No lo entiendo.

-¿Qué piensas?

Genial. Ahora intenta meterse en mi mente.

-En nada.

Me sonríe y, justo en ese momento… ¿suena mi móvil?
Despierto. Todo ha sido un sueño. ¿Pero qué hago yo soñando con el loco ése? Es absurdo. Si ni si quiera he pensado en él antes de dormir. ¿Qué quiere decir el sueño? ¿Qué inconscientemente he pensado en él? Sí claro… La verdad sea dicha, feo no es, pero es antipático, grosero, infantil, descarado y un largo etcétera de adjetivos negativos que hacen referencia a la forma de ser. Si al menos fuese como en mis sueños, tendría alguna que otra posibilidad, pero la lleva clara si intenta conseguirme comportándose de esa forma. Jamás. Nunca en la vida.
Recuerdo el sonido que me ha apartado de las manos de Morfeo. Mi móvil. Lo cojo y lo desbloqueo. Un nuevo mensaje de Noelia. ¿Qué hace mandándome mensajes a las cinco de la mañana? Está loca. Es un caso perdido. En fin, lo abro. Aparece en la pantalla un chico rapado, con una pequeña cicatriz en la ceja y con una gran sonrisa. Es el chico con el que Noelia estaba en la discoteca. Debajo de la foto aparece una frase: <<Me lo quedo>>. Nunca va a cambiar. ¿Quieres a un macarra? ¡Todo tuyo! Tranquila que no te lo quito. Además, ¿qué es eso de “me lo quedo”? Ni que estuvieses en un mercadillo. Vuelvo a dejar el móvil en la mesita de noche y me acomodo de nuevo para volver a dormirme. Espero que esta vez el sueño no sea tan irreal.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 2

Han quedado para estudiar un examen... Ya, claro. ¿Alguien se lo cree? Lo peor que puedes hacer para estudiar es quedar con alguien. La concentración dura lo que dura el silencio y, el silencio, no hace acto de presencia ni un solo minuto. Hay tantas cosas de las que hablar, tantas tonterías que decir, tantos planes que hacer, tanto que imaginar... Pero ahora, tras dos horas hablando de esto y de aquello, parece que se lo han tomado en serio. Llevan una media hora sin charlar. Ambas estudian lo mismo, ambas para el mismo examen, pero cada una con su libro, sus esquemas y sus apuntes. ¡Nada de compartir! Compartir tan solo sería una excusa para empezar a parlotear de nuevo.
Una melodía acompañada de vibración interrumpe el silencio. Las dos amigas se miran. Ainhoa mata con la mirada a Noelia. Noelia se disculpa con una leve sonrisa y contesta a la llamada.

-¿Sí? Ah, hola ¿qué tal? ¿Dónde el otro día? No sé, estamos estudiando. Sí, Ainhoa está conmigo. No seas así, no es que no queramos, es que nos jugamos la asignatura. Ya, bueno, tienes razón, me juego, la muy zorrilla siempre saca buenas notas… -Ainhoa hace como si se enfadara al notar que esa “zorrilla” es ella. Noelia le sonríe para calmarla-. Está bien, está bien. Si podemos vamos, pero no te prometo nada… Vale. Saluda a los demás de mi parte. Adiós -pulsa el botón rojo.

Noelia junta las manos en posición de rezo. Como un devoto cuando reza a Dios, sólo que en este caso no sería un devoto sino Noelia y no sería un Dios sino Ainhoa.
Ainhoa contesta antes de que su amiga pregunte nada. Ya sabe por donde van los tiros.

-¡No! Ni lo pienses. ¿Sabes que es tu última oportunidad de aprobar?
-Por favor. Te prometo que cuando llegue a casa estudio.
-¿Cuándo estés medio borracha y no sepas lo que haces? ¡Qué no! Además ya sabes que no va conmigo todo eso de las discotecas.
-No seas así.

Insiste, insiste, insiste y vuelve a insistir.



El pelo castaño oscuro, casi al rape por los lados y un tanto desordenado por la parte superior. Ojos brillantes, intensos y de color miel. Nariz y labios perfectos. Algo moreno de piel, lo justo, aunque él en ningún momento ha calculado cuantas horas debe estar al sol para conseguir ese tono.
Impaciente, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en el gran edificio cristiano. ¿Qué hora será? ¿Dónde se ha metido Julio? Ya es tarde. Los niños vuelven a sus casas, quizá más por miedo a las madres que por miedo a las calles, las farolas hacen un rato que se encendieron y las tiendas ya han cerrado sus puertas.
Dos chicas pasan por su lado. Una morena y rellenita aunque muy guapa de cara no deja de reírse y la otra, rubia, algo más alta y bastante más esbelta se limita a parlotear. Por las carcajadas de la morena, la rubia debe ser una gran cómica. Cuando se alejan un poco, la rubia aprovecha una distracción de la amiga y se gira para dedicar una sonrisa a Erik. Él responde de igual modo al ver el color de sus ojos. Azules. Le recuerdan a la chica de la noche anterior. Se lleva la mano a la cara sin darse cuenta. No, ya no duele. La encontrará. Sí, definitivamente, ése será su nuevo objetivo.
Alguien le da una colleja y hace que se centre en el presente. Pelo rapado, rubio, aunque no se nota, ojos azules y una pequeña cicatriz en la ceja. La chica de la noche anterior desaparece para dar paso a Julio. ¡Al fin!

-¿Dónde coño te metes?
-Tenía cosas que hacer.



Tan pronto como llegan a la discoteca, Noelia se pierde y ella se vuelve a quedar sola como tantas otras noches. Odia cuando su amiga se comporta así. Pero en fin, ¿todos tenemos defectos, no? Pues ése es el de Noelia, le pierde la fiesta, las amistades, los novios y todo lo que tenga que ver con la noche. Luego le tocará a ella aguantarla cuando suspenda el examen.

-¿Ainhoa?

Quien ha pronunciado su nombre es un chico. Rubio, ojos marrones y pelo un poco largo y peinado hacia atrás con algo de gomina. Es Adrián. Respira aliviada. Al menos ya no está sola.



Nos alejamos del grupo. Pasamos a empujones entre más de un inexperto bailarín, joder si no sabes bailar ¿para qué bailas? Hay que marcarse límites. Yo, por ejemplo, soy de los que lo admite, no se bailar suelto y punto. Pero no, siempre tiene que haber algún tocapelotas medio borracho que no te deja pasar hasta que no veas sus “increíbles” pasos de baile. Absurdo. A pesar de todo, conseguimos llegar a nuestro destino.

-Dos cubatas -pide Julio.

Nos apoyamos en la barra y reanudamos nuestra conversación. Ahora más tranquilos.

-Así que quieren que seas policía. ¿Qué quieres que te diga? Eres tonto si no aceptas. Es tu oportunidad de ganar dinero de una forma normal.
-Se te olvida que no me piden ser policía, me piden meter en la cárcel a Cavallari. Además yo no estoy en lo de las peleitas por el dinero y lo sabes.

Da un trago al cubata. Quizá para atreverse a decir lo que me va a decir.

-¿Por qué no dejas la tontería de la venganza? Llevas ya más de un año y aún no has conseguido ni una pista. Igual Cavallari no sabe nada del asunto.

De ser otra persona le habría roto el vaso en la cabeza, pero no, a Julio se lo perdono todo. Me limito a ignorar sus consejos y cambio de tema. Señalo con la barbilla a las chicas que hay bailando.

-Llevas un tiempo a dos velas…
-Ya, es que estoy esperando a que crezca tu hermana.

Pum. Otro golpe de los que llegan al alma. ¡Hoy está fino! Pero también se lo perdono.
Julio me señala a una chica que baila muy pegadita a un tipo. Laura. Siento que me hierve la sangre, el pulso se me acelera. Recuerdo a Alex, mi hermano. Recuerdo lo enamorado que estaba de Laura. ¿Qué pasa? ¿Ella ya no se acuerda de él? Mi hermano. Siempre dispuesto a sonreírle, a hacerle regalos, a llevarla de viaje, a sorprenderla… ¡Incluso yo envidiaba su amor! Y ella lo conmemora refregándose con otro… No logro contenerme.
Cojo el vaso de licor y me voy hacia ellos decidido. Julio intenta evitar mi reacción a voces, pero es absurdo. Cojo a Laura por la espalda, la elevo y la aparto del cuerpo del tipo. El chico me mira desconcertado. Le dedico una leve sonrisa y después le golpeo duramente con el puño izquierdo -con el derecho sigo sosteniendo el vaso-. El chaval cae al suelo y, desde abajo, me lanza patadas que esquivo sin dificultad. Cuando se cansa de lanzar sus piernas al aire, me acuclillo para verle de cerca la cara.

-¿Es tu hermana? -pregunta acelerado. Niego con la cabeza-. ¿Tu prima? -misma respuesta. Y la siguiente la lanza incluso asustado-. ¿Tu novia? - esta vez no respondo, pero deduzco que él entiende lo que no es-. Lo siento, no lo sabía, no me lo ha dicho…
-No, no es mi novia -miro a Laura-. Pero ¿sabes qué? Tus hormonas necesitan relajarse. No se puede ir por la vida detrás de un polvo. No, eso no funciona así. Voy a darte clases prácticas para relajar a tu amiguita de ahí abajo -le señalo la bragueta y le enseño el cubata. Tapo el orificio del vaso dejando solo una rajita libre y derramo el líquido por su cara de manera que los cubitos de hielo siguen en el vaso-. El problema es que a mí me da asco tocar ahí -miro a Laura. Sería humillante y divertido hacer que fuese ella la que le metiera los cubitos por los calzoncillos, pero no. Con las chicas no me meto y menos con la chica que durante un tiempo hizo feliz a mi hermano -. Métete los cubitos por los calzoncillos.
-¿Qué?
-¿No hablo claro? ¡Qué cojas los putos cubitos! -vuelco el vaso en la palma de la mano del chico y le entrego el agua congela. Al tenerlos entre las manos, un escalofrío recorre su cuerpo.

Laura intenta salvarlo.

-Venga, ya ha tenido bastante.

La ignoro.

-¿A qué esperas?

El chico traga saliva y empieza a cumplir mi orden. Me giro levemente para buscar la sonrisa de Julio. Espera. ¿Está hablando con una chica? Después de todo ha ligado. Advierto como uno de los porteros se acerca a la “escena del crimen” y desaparezco perdiéndome entre la gente. No quiero problemas. Me meto en el baño y me cruzo con mi imagen reflejada en el espejo. La misma de siempre excepto por los ojos rojos. Mierda de humo… Me echo agua en la cara y vuelvo a salir.



Vuelve a mirar el reloj. Una y media de la madrugada. ¿Dónde se ha metido? A veces ni ella sabe porque la tiene como amiga… La consigue llevar a todos lados contra su voluntad y, por si fuera poco, ¡encima no se deja ver! Adrián cada vez está más pesado. No deja de hablar y ella no lo soporta más. Quiere irse y eso solo lo conseguirá encontrando a Noelia.

-Perdona Adri, pero no se donde está Noelia y ando preocupada.
-¡No te preocupes! Yo seguiré aquí si no das con ella…

La ve marcharse. Ha estado a punto. A punto de confesarle su amor. Pero nada. El mismo resultado de siempre. Tiene tanto miedo a no ser correspondido que no se atreve a decirle nada. Quizá algún día. Otro día.

martes, 6 de septiembre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 1


<<Ojos azules. Y ahora sé que he mentido cada vez que me han preguntado por mi color favorito. Después de ver ese azul parece un insulto decir que prefiero el amarillo. Sí, definitivamente, esos ojos han sustituido al sol. Ahora creo haber estado ciego toda mi vida. ¿Por qué se me ha ocultado la existencia de ese azul? Me siento estafado. ¿Dónde está la hoja de reclamaciones? Quiero demandar al arco iris por haberme escondido el color de esos ojos. Serán míos>>.
Un duro golpe con el puño cerrado hace que aparte la mirada de la chica y se centre en el combate. Se palpa con los dedos el labio inferior. Bien. No hay sangre.
Su oponente es un flacucho al que no parece importarle la palabra gimnasio y del que se pone en duda que conozca el verbo comer. Se podría definir como el antónimo de la hipertrofia muscular. Lleva el pelo largo y desgreñado, ¿cuatro días sin peinarse? quizás más y quien sabe cuantos sin lavárselo. Todo un sex symbol...
El de los enredos en el pelo vuelve a lanzar otro ataque. Esta vez Erik lo bloquea con su brazo izquierdo y con la rodilla derecha golpea en el estómago del de pelo largo. Tocado y hundido de un solo rodillazo. El flacucho cae al suelo. Erik observa como se retuerce y utiliza sus gemidos como banda sonora de su dolor.
Cavallari no cabe en si de alegría. Sabe que Erik es bueno, pero nunca le había visto ganar tan solo con un golpe. Aunque, dicha sea la verdad, aún no ha ganado nadie, pero es cuestión de tiempo.
El árbitro entra en el improvisado ring -que no viene a ser otra cosa que un círculo humano-. Hace unas preguntas al luchado que hay tirado en el suelo. El de pelo descuidado contesta de forma incoherente. Ya parecen ser oficiales las sospechas de Cavallari.

-Declaro ganador a -deja pasar los segundos en un intento de crear tensión. No lo consigue. Todos los presentes esperan que pronuncie el mismo nombre- ¡Erik!

Amantes de la violencia, discípulos de Marte, curiosos y fans de las peleas ilegales estallan en aplausos. Erik y Cavallari sonríen. El jefe sabe que acaba de conseguir dinero fácil y el luchador confía en estar más cerca de saciar su sed de venganza. Erik sale del centro del círculo humano y Cavallari lo abraza tan pronto como se lo encuentra.

-¡Eres grandioso campione! -siempre tan insistente con su querido italiano.

Que oportuno… Erik se libra de él como puede. Siempre con algo de respeto ya que no es conveniente dejar plantado al tipo que controla el negocio de las peleas ilegales y menos cuando sabes que siempre va armado y que es de gatillo fácil.
Empieza a buscar desesperadamente ese azul que, minutos atrás, lo tenía tan entretenido. Maldita sea, ¿dónde están esos ojos? Advierte a una chica que camina sola y a paso rápido. Quizá intenta escapar de ese circo de violencia. Erik corre tras ella y la agarra del brazo para frenarla. La chica se gira. Pelo largo, liso y de color castaño claro, labios naturales, sin ningún tipo de pintura y ojos... ojos que son más preciosos vistos de cerca. Azul. Es ese azul. Lo ha encontrado. Debe decir algo o quedará como un estúpido, pero no puede articular palabra. La chica toma la iniciativa.

-¿Qué quieres?
-A ti.

La de cabellos bronceados no se toma bien la respuesta. ¿A qué se refiere ese bruto? ¿Acaso quiere hacerle daño a ella también? Ya se imagina los titulares: "Hija de policía acaba siendo asesinada por jugar a los detectives con la mafia de las peleas ilegales". Demasiado largo para ser un titular... De todas formas, lo mejor será cortar por lo sano. Le da un guantazo al luchador y sale a correr como si se le fuese la vida en ello.
Erik se queda quieto. Tan solo mueve su mano para llevársela a la mejilla, Escuece, pica y ¿quema? sí, se podría definir así, es como si le hubiesen acercado un mechero a la cara. Alguien le toca el hombro y hace que se olvide del dolor.

-¿Erik Rivas?

Se vuelve para mirar a quien pregunta por él. Moreno, pelo corto, atlético y con la barba dejada. ¿Quién es ese tipo? No lo ha visto en su vida.

-Depende de quien seas -le contesta.

El hombre saca de su cartera una tarjeta y se la muestra.

-¿Eres Erik Rivas para un policía?



Están en casa del policía. Santiago Garrido. Segundo al mando de un nuevo proyecto.

-A ver si te he entendido… La idea es que Cavallari me mate ¿Es eso?

Santiago suspira.

-¿Quieres dejar de decir estupideces? Sólo quiero que colabores.
-¿Tú estás loco? Me estás pidiendo que sea policía.
-Eso no es malo.
-Está bien, me estás pidiendo que sea policía y que meta en la cárcel a Cavallari.
-Tú lo conoces bien, de ti no sospecharía.
-¡Claro! -exclama con ironía-. No sospecharía nada cuando le ponga unas esposas y le diga: <<vamos a dar un paseo>>. Es ridículo. Conmigo no cuentes -se levanta de la silla y se dirige a la puerta de salida-. Ábreme.
-Está abierto.

Erik gira el pomo de la puerta y la abre, pero justo cuando va a dar el primer paso para escapar, Santiago vuelve a la carga.

-Te juro que si sales sin aceptar lo que te ofrezco, te puedes considerar en juicio. Tengo pruebas para llevarte ante un juez y para que te encierren.
-Eres patético -sale dando un portazo.

Sí, sí que lo soy. Sería incapaz de llevarte a juicio después de haber conocido a tu hermano.
El móvil de Santiago suena.

-¿Santiago? Soy Carlos. ¿Has estado en El Descampado?
-¿Qué si he estado? ¡Me he encontrado con el hermano de Alejandro Rivas!
-¿El hermano?
-Sí, le he ofrecido que nos ayude con lo de Cavallari, pero no cede.
-Tarde o temprano vendrá a nosotros como hizo Alejandro.
-Eso espero.