sábado, 15 de octubre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 15


Dos años y seis meses atrás.
El primer mes del año está a punto de finalizar. La gente sale abrigada y algún que otro padre rezagado acude a las tiendas para comprar un nuevo regalo a su hijo ya que el que los Reyes le hicieron el día seis es un poco defectuoso o no es del agrado del pequeño. Carlos Lucena va a al trabajo andando. Los mecánicos no suelen cumplir con su trabajo a tiempo… El móvil suena. Una llamada inesperada realizada por un número que no tiene en la agenda.

-¿Sí?
-¿Carlos Lucena?

El policía suspira. Sabe perfectamente quien es. Clara, la madre del chico desaparecido. Lo llama cada día y a veces en más de una ocasión, pero no puede culparla, debe ser muy duro vivir una situación como esa. Imagina por un segundo que Ainhoa desaparece y un escalofrío le recorre la espalda.

-¿Qué puedo hacer por usted?
-¿Han avanzado en la búsqueda?
-El asunto de su hijo es delicado. No podemos hablarlo por teléfono. Pásese por comisaría y yo u otro agente le atenderemos.

Con un <<De acuerdo>> Clara se da por vencida. A Carlos no le da tiempo a dar otro paso cuando vuelve a sonar el móvil. Si estuviese conduciendo debería multarse a si mismo. Esta vez llaman con número oculto. Ya hay que ser imbécil, con lo fácil que sería con el aparatito que hay en comisaría localizar la llamada. Pulsa un botón para guardar la conversación, prevé que será alguno de los ayudantes de Francesco Cavallari.

-¿Quién es?
-Tengo que hablar con usted -la voz suena distorsionada.
-¿Quién eres?
-Vaya donde acuden los muertos y los recién nacidos. Estaré allí a las siete -cuelga.

Carlos se queda mirando por unos minutos la pantalla de su móvil como si le pudiese dar alguna respuesta. Donde los muertos y los vivos. ¿Dónde es eso? ¿No podía ser más claro? Podría ser el cementerio… no, hay no acuden los recién nacidos, ¿un hospital? Se supone que están para salvar vidas así que tampoco coincide. No deja de pensar en la curiosa adivinanza en todo el resto del trayecto, hasta que por fin entra en comisaría. Lo primero que hace es hacerse con un café. El segundo de la mañana. Se lo merece después de la caminata. Ojea el periódico en la sala del café mientras se lo toma. Dos de sus compañeros dificultan que entienda algo de las declaraciones de Rafa Nadal. Bah, tampoco es que le importe mucho, la noticia será cuando ése fiera pierda algún partido importante. Una carcajada de Mario hace que se desentienda completamente del periódico y se una a sus dos compañeros.

-¿Qué te hace tanta gracia?

Mario se seca una lágrima que ha derramado fruto de la risotada.

-No sabes como de macabro puede llegar a ser este chaval -Mario alza las cejas para indicar a Alberto, un joven becario-. Resulta que es un hacha para las adivinanzas. Dile alguna, Alberto.
-No creo que sea necesario… -al joven le entra la timidez de repente.
-Me gustaría escuchar alguna.
-Está bien -piensa por un momento. Intenta buscar la más indicada para no ofender a su superior. Al final opta por reírse del mundo animal, así seguro que no se equivoca-. A ver esta: Tiene ojos y no ve, tiene pico y no pica, tiene alas y no vuela, tiene patas y no camina. ¿Qué es?

Carlos se demora en responder para pensar la respuesta. Mario, en cambio, espera impaciente a sabiendas de que sea lo que sea esa cosa que tiene de todo y no hace nada, le provocará una buena carcajada.

-Está bien, me rindo.
-Un pájaro muerto.

Mario da un golpe con el puño cerrado y vuelve a reírse. A Carlos no le hace nada de gracia, quizá si no fueran las ocho y media de la mañana y no le doliesen los pies, se reiría pero mientras tanto el becario se tiene que conformar con la más falsa de las sonrisas.

-Di otra -le ruega Mario.
-No -interviene Carlos-. Esta vez él tendrá que responder a la mía -Alberto acepta el reto-. ¿A qué lugar acuden los muertos y los recién nacidos?

Alberto mira al suelo durante algunos segundos. Después se le enciende la bombilla y, aunque no está muy seguro del todo, arriesga.

-Bueno, si son religiosos, puede que vayan a la iglesia, ¿no?

Carlos piensa en ello. Por supuesto, tiene sentido. Los recién nacidos van a bautizarse y allí también le dan misa a los fallecidos. Por un momento le entran unas ganas locas de abrazar a Alberto, pero se controla para no ser víctima de una de las risotadas de Mario.

-Sí, creo que es exactamente eso. Gracias.

Una recepcionista entra preguntando por Mario y éste se va tras ella. Alberto le da el último trago al café y se dispone a salir. En ese momento, Carlos toma la decisión. Después de todo, se lo merece.

-Hablaré con el comisario para que se plantee tu ascenso. Sirves para algo más que para llevar cafés y archivos.



Siete de la tarde. Carlos entra en la iglesia. Una persona que lleva la cabeza cubierta con la capucha negra de la sudadera entra en el confesionario, en la parte en la que se coloca el cura y le hace un gesto con la mano incitándolo a que él tome el lugar del confesor. Carlos Lucena se arrodilla como si estuviese a punto de confesar sus pecados. Quizá sea culpa de los nervios y la tensión acumulada, pero no puede evitar la broma.

-Ave María purísima.

Se arrepiente justo después de pronunciarlo, pero la persona que ocupa el lugar del párroco le sigue el juego.

-Sin pecado concebida. En realidad soy yo el que me quiero confesar, agente.
-Antes de que empiece, me gustaría saber quien eres.

El tipo lo ignora.

-Voy a ayudarlo mucho en su búsqueda. Conozco a Cavallari y he estado en el mundo de las peleas ilegales.
-No se preocupe, si confiesa le prometo que no tomaremos represalias contra usted.
-Yo ya no tengo que preocuparme de eso, desapareceré pronto. Lo único que quiero es poner en jaque a Cavallari antes de desaparecer.
-En realidad, me interesa más lo que pueda contarme sobre Alejandro Rivas, ¿lo conoce?
-Sí.
-¿Está vivo?
-Sí -el policía suspira antes ese rayo de esperanza.
-¿Sigue trabajando para Cavallari?
-No.

Una tras otra, el encapuchado contesta a todas las preguntas sobre el desaparecido. Siempre con un “sí” o un “no”. Tan solo se anda por las ramas en la última.

-¿Dónde está?
-No lo sé.
-Es imposible que lo sepa todo menos eso. ¿Acaso tiene miedo de dejarse ver?
-Soy valiente -y no se equivoca en la persona del verbo. Lo hace a propósito. Ya hacía tiempo que tenía ganas de quitarse la máscara de carnaval que el mismo se había puesto desde el principio de la conversación.
-¿Soy? ¿Qué quiere decir?
-Carlos -por primera vez lo tutea-. Yo soy Alex Rivas.

Esa fue la primera vez que lo vio. La primera de muchas otras. El comienzo de una gran amistad. El comienzo de un gran engaño. Ocultó a Alex durante los meses posteriores. Incluso a su madre. Nadie debía saber nada de la conspiración que entre Carlos, Alex y Santiago estaban preparando contra Cavallari. Todo estaba perfectamente organizado. Todo estaba preparado a la perfección, al milímetro. Fue entonces cuando Alex escribió la carta a su madre para hacerle saber que estaba bien y que se marcharía lejos para estar completamente a salvo, pues sabía que el italiano nunca le perdonaría. Pero las cosas no siempre salen bien. La noche que se llevó a cabo el plan que debía acabar con Cavallari, terminó por ser el plan que acabó con la vida de Alex. Solo tres presenciaron la muerte. Los tres que aún guardan silencio: Santi, Carlos y Cavallari.
Tras enterarse de la muerte de su hijo, Clara acudió a Carlos Lucena pidiéndole explicaciones. Había leído la carta y estaba convencida de que todo era una artimaña para engañar a la mafia. Uno de los peores momentos de la vida de Carlos fue cuando tuvo que convencer a Clara de que su hijo realmente había muerto.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 14


Adrián ataca nada más empezar la película. Un anciano se encuentra con un agente y empieza a contarle su tremenda historia de amor, la cual tiene un comienzo fatídico. Y, mientras tanto y para no perder el tiempo, Adrián decide que el gran cubo de palomitas que está compartiendo con Ainhoa debe sostenerlo ella. Cosa inocente e imposible de encontrarle el doble sentido, pero cuando uno quiere, es capaz de encontrarle el doble sentido a todo y está más que claro que lo que busca Adrián es rozar los pechos de la chica cada vez que se dirige a coger un puñado de palomitas. Lo cierto es que el cubo de palomitas que comparten Noelia y Julio también lo sostiene la chica y nadie que los ve tiene la suficiente suciedad en la mente como para imaginarse que eso es así porque Julio quiere tocarle las tetas. La película avanza un poco más y el “desgraciado” de Rob se va haciendo poco a poco con el cariño de sus compañeros. Es entonces cuando Adrián decide hacer el típico bostezo, pero justo cuando se dispone a echarle la mano por encima a Ainhoa, ésta se vuelve.

-¿Por qué bostezas? ¿No te gusta? -Erik sonríe camuflado por la oscuridad de la sala.
-No es eso, es que he dormido poco -se excusa Adri. Por dentro se maldice. ¿A quién se le ocurre? Es un truco demasiado viejo y que funcione en las películas no significa que funcione en la vida real.

Erik suspira. Gira un poco la cabeza hacia la derecha, Julio está teniendo toda la suerte que le falta a Adrián. No, ¿qué digo? No es suerte, es que se lo ha ganado. Sí, está seguro. Julio es mejor que Adrián. Su reina no puede acabar en manos de ese ogro. Ánimo reina, que Robert ya se ha encontrado con el elefante, no debe quedar mucho… Resiste, mi reina. Yo seré tu domador de elefantes, solo tienes que escapar de las manos del que ahora intenta poseerte. ¡Encima de todo Adri es tonto! ¿Cómo se le ocurre llevar a Ainhoa a esa película? Si no encaja para nada con el protagonista, él sería el malvado jefe y Ainhoa su esposa que hierve en deseos de perderse entre los brazos de Robert Pattinsons que, por supuesto, en este caso sería Erik. Pero Adrián no pierde las esperanzas. Saca intentando hacer el menor ruido posible las llaves de su bolsillo y después finge que se le caen al lado de Ainhoa. Le dedica una sonrisa a Ainhoa como diciendo << ¡Vaya! ahora tendré que agacharme a cogerlas>>. Pero está claro que él está encantado de la vida, se agacha y roza las piernas de Ainhoa que lleva un short ya que el verano está a la vuelta de la esquina y el calor aprieta. El chico tarda lo suyo en encontrar las llaves, aunque sabe perfectamente donde están. Erik ya esta pensando en lo que hacerle. Sí, decidido. En cuanto Adrián vuelva a apoyar la espalda sobre el asiento del sillón, él le pellizcará el cuello y le retorcerá el pellizco hasta que le brote la sangre. ¿Es posible hacer sangrar a alguien por un pellizco? Por lo menos que no digan que no lo ha intentado… Adrián vuelve a tomar la postura normal y Erik alarga su brazo, pero entonces, por alguna razón, Julio se gira y se queda mirando a ese individuo que hay justo en la fila de atrás un asiento a la izquierda. Fuerza la vista. Sin duda ese individuo le suena de algo. Le parece distinguir que viste una camiseta blanca con el cuello un poco abierto y pantalones cortos a cuadros, esa es justo la ropa que llevaba esa misma mañana… ¡Bah! Es imposible. Seguro que la escasez de luz lo engaña. Vuelve a centrarse en lo suyo que no es la película sino ella. Hace tiempo que se aburre con la peli, nunca le gustaron las pasteladas, prefiere juguetear con la oreja y el cuello de Noelia. Ella se lo permite. Erik, por su parte, vuelve a suspirar de nuevo. Se vuelve a centrar en los movimientos del ogro. Ahora mismo no hace nada fuera de lo normal. Incluso ha dejado de comer palomitas. De todos modos, decide incordiarlo y hace lo típico. Algo que es aún más viejo que el truco del bostezo, algo que también es típico del cine, algo que molesta más que una mosca rondando tu cabeza a la hora de dormir y algo que siempre funciona tanto en la realidad, como en la ficción. Pone sus pies en el respaldo del asiento de Adrián y empuja. Se divierte viendo como el chico intenta acomodarse una y otra vez en vano, es imposible. Al final se levanta y poniendo de excusa que va al servicio, estira un poco las piernas. Al poco tiempo vuelve para encontrarse con la misma cruda realidad multiplicada por dos. Ainhoa ha tomado su asiento y ahora charla con Julio sobre algo que parece bastante interesante e importante. Al final acaba por poner sus cinco sentidos en la película y descartar su intento de ligar con Ainhoa. Tendrá que volver a esperar.



Los teléfonos suenan y son atendidos rápidamente por simpáticas secretarias. Robos, agresiones, peleas subiditas de tono, ¡incluso un asesinato! El ambiente está más que caldeado en la comisaría. Los becarios están agotados, el calor es insoportable y ellos no dejan de cargar cajas e informes de un lado para otro y, por si fuera poco, el aire acondicionado se ha estropeado. Un tímido becario llama a la puerta del despacho de Santiago Garrido. Él le da permiso para que entre.

-Señor le traigo su café.
-¿Café? Diecinueve de junio, el aire acondicionado estropeado, tengo que soportar el nudo de la corbata desde las siete y media de la mañana, treinta y siete grados. ¿Café?
-Lo siento, siempre le apetece uno a esta hora, pensé que…
-¡¿Quién te ha ordenado que pienses por mí?! - le grita.

Justo en ese momento entra Carlos Lucena.

-¿Qué pasa?
-Me ha traído café -afirma Santi señalando con el dedo al becario.

Carlos sonríe, pensaba que se trataba de un problema aún mayor. Santiago a veces saca problemas de donde no los hay. Es increíble.

-Puedes seguir con tu trabajo Sergio y no te culpes de nada, es que a Garrido no le hace mucha gracia el verano.

Sergio asiente y se marcha con el café en las manos. Ahora más que nunca siente el calor del líquido en su piel. Es de locos. En parte lleva razón Garrido, él tampoco se lo tomaría.
Carlos Lucena se asegura de que la puerta del despacho de su compañero está bien cerrada y después habla.

-¿Tienes los archivos del caso Rivas?
-Sí.

Santiago Garrido pone un archivador sobre el escritorio. Una etiqueta que pone “Rivas” hace prever que es justo por lo que Carlos le había preguntado. Más abajo, en rojo y entre paréntesis, una palabra que pesa sobre ambos policías: cerrado. Efectivamente, el caso de Alejandro Rivas se cerró sin ningún acusado y con un gran secreto que pesa sobre los hombros de tres personas: Carlos Lucena, Santiago Garrido y Francesco Cavallari. El secreto de la muerte del mayor de los hermanos Rivas.
Santi abre el archivador. Fechas, fotos, nombres, números de teléfono. Todo tipo de información con la que trabajaban hace algo más de dos años. Para entonces, Alejandro solo estaba desaparecido y por la cabeza de nadie pasaba que podría pasar lo que después pasó. Se intentó evitar la desgracia, ¡vaya si se intentó! Pero no puedes, aunque el que le pone nombre a la investigación confíe en ti, no puedes.
Santiago Garrido observa como Carlos ha quedado inmóvil. Ha dejado de hablar desde que sacó el archivador.

-Si quieres lo dejamos.
-No. Sigue.

Y justo en ese momento la comisaría desparece. Se encuentra en la calle. Vuelve a vivir todo lo sucedido. Nos remontamos atrás dos años y seis meses. Justo cuando da con Alex y empieza una gran amistad.

domingo, 9 de octubre de 2011

La venganza del Rey: Capitulo 13


Otro día más y sin el dinero, Julio se encamina al barranco. Hoy ni ha consultado a Erik para que lo acompañe. Total, ¿para qué quiere Erik verlo morir? Porque, si una cosa es segura, es que el tipo ese no lleva a los matones para que le hagan compañía y le den tema de conversación.
Alguien lo llama a voces y Julio se gira. Cambia la cara de tragedia por una de felicidad al descubrir que Erik corre hacia él. Cuando llega se dobla sobre si mismo y coge aire y lo suelta rápidamente. Está cansado, ha llegado de milagro.

-Lo siento, se me han pegado las sábanas.
-No recuerdo que hallamos quedado.
-¿Creías que te iba a dejar solo? Son quinientos, ¿no? -Julio asiente con la cabeza sin salir de su asombro, ¿por qué Erik sabes eso? Erik le entrega un sobre y Julio lo agarra-. Que no te maree, estoy seguro de que intentará subirte el precio, no lo permitas -Julio no puede hacer otra cosa que negar con la cabeza-. Así me gusta.
-¿Dónde has conseguido el dinero?
-¿Importa eso? Ya te lo diré.

Julio se reúne con el jugador de poker en el barranco. Erik permanece escondido. Julio entrega en mano los quinientos euros. El hombre hace un rápido recuento.

-¿Dónde se consigue tanto dinero en tan poco tiempo?
-Pues… en… ya sabes en… -Julio no es capaz de articular más de tres palabras seguidas.

Erik sale al rescate y se deja ver por primera vez. Aunque, el jugador de poker, como gran entendido del mundo del tráfico y de las apuestas, sabe perfectamente quien es ese chico que aparece de la nada para ayudar a aquel infeliz.

-¿Y de dónde coño sale el sueldo de tus matones? No preguntes, simplemente cógelo. Está limpio.
-¿Erik? Cavallari estará contento de saber que te ganas la vida honradamente y sin dinero negro de por medio.
-No tiene porque enterarse.
-Claro, no tiene porque enterarse -responde mientras piensa en la forma más rápida de llegar hasta el italiano.

Cuando el jugador de poker y sus acompañantes se largan, Julio suspira y mira inquisitivamente a Erik. Ha llegado la hora.

-Despídete de la Yamaha.
-¿Cómo? No, no puede ser, ¡estás loco!
-Sí, por ti.
-Pero si te encantaba, era una de tus razones de vivir, estaba siempre impecable, apenas tenía kilómetros, nunca había fallado…
-¡Quieres parar! No eches más alcohol en la herida, no vaya a ser que me de por jugar con tu cara y acabes mal.
-Vale. Pero ahora, ¿quién nos lleva al lago?

Erik le da unos golpecitos en la barriga.

-No te vendría mal utilizar las piernas.

Erik empieza a caminar. Julio, en cambio, se sube la camiseta y observa su barriga. ¿De verdad está gordo? Pero si aún se le notan un poco los abdominales de cuando iba al gimnasio. Quizá sea hora de volver a machacarse de nuevo aunque solo el hecho de pensarlo le da pereza. Aunque, bien mirado, tampoco está tan mal, ¿acaso lo de Erik era una broma? Sale a correr para alcanzar a su amigo.

-¿Hablas en serio? No estoy tan mal, ¿verdad? -Erik lo ignora-. ¡Venga hombre! Si me vecino pesa el doble que yo y tiene las chicas que quiere.
-Tu vecino pesa el doble que tú y tiene el triple de dinero que tú pudieras gastar en una vida.
-¿Y por eso vive en un bloque de pisos?
-Para no llamar la atención. En verano desaparece, se dice que tiene una mansión en Nueva York.
-No me lo creo. Además, las chicas no miran ni el físico ni el dinero, siempre dice que lo importante es el interior.
-Ya…
-¿Qué quieres decir con eso?

Erik se para y pone sus manos sobre los hombros de Julio.

-Oye, si lo que te preocupa es el amor, no creo que te deje la chica con la que estás.

¡Pom! Es como si una bomba cayera bajo sus pies. Julio se sonroja. ¿Cómo es posible que se entere de todo? ¿Acaso le ha instalado una microcámara para ver lo que hace cuando no está con él? Erik responde a las preguntas de Julio sin que este tenga que formularlas en voz alta.

-Te espié en el parque hace algunos días -Julio abre la boca para protestar, pero Erik se lo impide-. ¡No sabía a dónde ibas! Era la primera vez que no querías que te acompañase y temí por tu seguridad.
-Chismoso.
-Oye que no se lo he dicho a nadie.
-Pero te vas a reír de mí -Erik lo niega-. ¿Entonces?
-¿De verdad te gusta? -Julio responde que sí tímidamente-. Pues no la cagues. Déjate de apuestas y de tonterías.
-Eres un buen amigo, Erik. ¿Sabes qué? Vente al cine con nosotros esta tarde.
-¿Quién vais?
-Pues Noelia, yo, Ainhoa y Adri. Esos dos son amigos de mi chica.
-¿Ainhoa?

El nombre se repite una y otra vez en su cabeza como si se tratase de un eco interminable. ¿Ya se ha olvidado de mí? Y él que pensaba que estaría esperando a que él apareciese. ¿Va a salir con otro? Pero si se divirtió hablando con él, como es posible… Y encima es Adrián, el tipo borracho, el del Audi. Tierra trágame.

-¿Pasa algo?
-No, nada. Es solo que no puedo ir.



Mientras Ainhoa se viste, Noelia no deja de calentarle la cabeza.

-¿Estás segura? Mira que si Erik se entera puede perder el interés.
-No lo he visto desde el domingo por la mañana.
-Tampoco ha pasado tanto tiempo.
-¿Se puede saber que tienes en contra de Adri?
-Es un creído, pijo, a menudo insoportable y, en ocasiones, idiota.
-Nunca te has quejado de él.
-Es que no es lo mismo el Adri amigo y el Adri novio. El Adri amigo es genial, pero ¿sabes porque dejó a Teresa? Porque él tenía demasiado prisa por llegar donde nadie había llegado con ella y ella le pidió que esperara.
-Sí, recuerdo esa historia. Adri esperó.
-Esperó hasta que se encontró con Carla que sí le daba lo que quería y dejó a la pobre Teresa.
-Bueno, vale, lo que tú digas. ¿Y quién te dice a ti qué Erik no es igual?

El móvil de Noelia empieza a sonar y Ainhoa recibe como respuesta un gesto con la mano que indica que ya le responderá más tarde. Pulsa el botón verde y comienza a parlotear. Es Julio.
Por fin deciden dar por zanjada la conversación y Noelia no podría haber agradecido más esa llamada. Ahora tiene más argumentos para defender a Erik y hundir de una vez por todas a Adrián.

-Julio me acaba de decir que Erik sabe lo nuestro y, contra todo pronóstico, lo único que ha hecho ha sido darle consejos y decirle que no se corte para hablar de esos temas con él. Eso en fútbol lo llaman gol.

Ainhoa sonríe.

-No se ha preocupado de buscarme ni de saber de mí, estoy en mi derecho de ignorarlo un poco.

Noelia resopla, es imposible hacerla entra en razón y con un <<lo que tu digas>> da por finalizado el tema y empieza a hablar de otra cosa. Esta vez de música y ahí sí están de acuerdo. Cero flamenco, algo de techno, un poco de rap de la tierra, pop y todo hit que aparezca de repente y que se marche al cabo de unas semanas por ser demasiado repetitivo.



Las dos parejas van juntas al cine, cada uno pensando en sus cosas.
A Julio le preocupa su cuerpo, sigue sin saber si lo de Erik era una broma o un consejo.
Noelia no deja de fingir falsas sonrisas delante de Adrián cuando la realidad es totalmente distinta. Al menos ha conseguido que no vayan solos.
Ainhoa sufre un pequeño lapsus y fracasa en el intento de olvidarse de Erik y todo por culpa de su amiga.
Adrián mandaría encantado a Julio y a Noelia a cierto lugar donde también hay moscas… Pero opta por hacer como que no le importa.
Adrián y Julio se acercan a comprar las entradas mientras Ainhoa y Noelia compran las palomitas y los refrescos. Después entran todos juntos en la sala.
Un chico que está el último de la fila que hay para sacar las entradas, hace lo que puede por colocarse el primero temeroso de que le quiten el sitio. La gente se queja, pero él hace como si nada y consigue su objetivo.

-Dígame -le dice la chica que hay vendiendo las entradas.
-Es complicado de explicar. ¿En qué película se han metido los dos chicos de antes?

La dependiente lo mira sin entender nada. Erik intenta explicarse diciendo la verdad a medias.

-Es que son mis amigos. Hemos quedado, pero he salido tarde de la biblioteca.

Sabe que los intelectuales transmiten más confianza, así que no duda en disfrazarse de ellos.

-Las han sacado para “Agua para elefantes”

Mierda. Una romántica. Lo que faltaba.

-De acuerdo, dame una entrada para esa.
-¿Te pongo en un asiento al lado de ellos?
-¡No! -se da cuenta de que su negación ha sido demasiado rotunda. Sonríe y rectifica-. Quiero decir, no. Es que son unos plastas y el vampiro en esta película me han dicho que está increíble.
-¿Quiere decir Robert Pattinson?
-Sí, es espectacular.
-Y muy guapo, ¿no?
-Por supuesto -se da cuenta tarde de lo que ha dicho. Solo entonces se da cuenta de la belleza de la chica con la que está hablando. La misma que ahora piensa que gay. Intenta arreglarlo-. O eso dicen las chicas. Yo lo admiro como actor.
-Ya… -la chica muestra una cierta decepción. No falla: los más guapos están casados o son homosexuales.

La gente se empieza a quejar y la empleada se da prisa.

-¿Prefieres algún asiento?
-Ponme justo detrás de mis amigos.

La empleada obedece y se apresura en darle la entrada. Erik le paga y entra en la sala, sin despedirse y sin dar las gracias. La chica que vende las entradas duda de que viniese de una biblioteca pero gracias al trabajo, consigue olvidarlo en menos de un minuto.
Las luces se apagan y comienzan los trailers.

La venganza del Rey: Capitulo 12


Su madre ha ido a hacer la compra y su hermana la ha acompañado. Está solo en casa. Es el momento que lleva esperando desde que espió la reunión de su amigo con el jugador de poker. Lo primero que hace es entrar en la habitación de su madre. Abre cada cajón de la mesita de noche esperando encontrar algo de valor. Algo que salve la vida de Julio. Encuentra un joyero cerrado con llave y lo deja sobre la cama mientras busca desesperadamente la llave. Mira en el armario, busca entre la ropa interior, hurga por cada rincón, pero no da con ella. Desesperado, agarra la caja y corre hasta su habitación. Una vez allí coge las llaves de la moto a las que le acompaña una pequeña navaja de llavero. No está afilada ya que es de adorno, pero aún así le sirve. Presiona la hoja de la pequeña navaja hasta que consigue que la punta se introduzca en la hendidura del cerrojo. Hace un pequeño esfuerzo por girar la navaja dentro de la cerradura y finalmente ésta cede y el joyero queda abierto. Erik lo abre como el que abre un cofre del tesoro y mira curioso en el interior. Tan solo hay un sobre. Lo abre con la esperanza de que haya algo de dinero, pero no encuentra precisamente riquezas. En el interior del sobre hay una foto de su hermano Alex y una carta. Acaricia con la yema de los dedos la cara inmortalizada de su hermano como si realmente él estuviese allí y pudiese acariciarlo. Después abre la carta.

“Hola mamá. Cuando leas esto todo habrá acabado. Voy a acabar con toda esta mierda y para ello tendré que irme lejos. No aguantaré mucho tiempo vivo si no desaparezco tras hacer lo que estoy dispuesto a hacer. Estate tranquila, voy a estar bien. Soy fuerte, ¿recuerdas? Tú misma me lo recordabas cada vez que hacía una locura de pequeño y salía ileso. No puedo despedirme para que no sospechen. Tampoco intentes llamarme, ellos lo controlan todo. De aquí a unas horas estaré muy lejos. No puedo decirte donde, ni yo lo se, solo sé que desapareceré. Te voy a dar un nombre: Carlos Lucena. Habla con él cuando todo esto termine. Espera un tiempo, para estas cosas hay que tener paciencia, si no la tienes puedes ponerlo en problemas. Él te dirá lo que necesites saber. Es un buen hombre. Déjame que te pida una última cosa: cuida del tonto de Erik y de Lucía. Los quiero, hace tiempo que los ignoro, pero es solo para que no lo pasen mal en mi ausencia. Me despido, un beso. Alex.”

Una gota cae directa sobre el papel y lo empapa. Erik retira un poco la carta para no mojarla más y se seca las lágrimas con la mano. ¿Qué quiere decir todo eso? Alex. Su hermano. La persona por la que ha llorado tanto, la persona por la que está llorando en estos momentos… ¿vivo? ¡Es imposible! La esperanza llena un poco del vacío que dejó su hermano en su corazón al irse. ¿Y si fuera cierto? En la carta pone un nombre: Carlos Lucena. Carlos Lucena, le suena de algo… No consigue recordar y eso lo pone furioso. ¿Dónde ha escuchado ese nombre antes? Se golpea la cabeza con la palma de la mano en un intento de recordar, pero no lo consigue. Decide guardar la carta, besa la foto y también la mete en el sobre, lo guarda todo en el joyero y saca la navaja. Ahora mismo es más urgente solucionar el asunto de los quinientos euros. Al sacar la navaja  de la cerradura del llavero, cruza su mirada con las llaves de la moto. Las sostiene por un momento entre sus manos. Lo que debe de querer a Julio para que se le pase por la cabeza lo que se le está pasando.



-¿Y qué ha pasado con Erik? Me parece increíble que te vayas al cine con Adrián.
-¿Perdona? Adrián es una persona normal. Otras, en cambio, prefieren ir con gamberros.
-Erik es amigo de ese gamberro…
-¿Quieres dejar de hablar de Erik? Además, yo nunca he dicho lo contrario. Siempre he defendido que Erik es igual que todos ellos, eres tu la que se empeña en que Julio es distinto.
-Y lo es. ¿Sabes qué? Te lo presentaré mañana. Nosotros también iremos a ver esa dichosa película.
-¿Te autoinvitas?
-Yo voy y si nos encontramos por casualidad…
-Ya claro, ¡qué morro!

El móvil de Noelia informa a su poseedora de que está recibiendo otra llamada y a la chica le entra prisa por dejar de charlar con su amiga.

-Tengo que colgar, nos vemos mañana.
-Adiós -Noelia se da tanta prisa en pulsar el botón rojo, que no le da tiempo ni a escuchar la despedida de Ainhoa.

Mira el móvil fijamente esperando a que vuelva sonar. En efecto, la pantalla se enciende y el móvil vibra al ritmo de Black Eyed Peas. Justo es quien ella imaginaba. Tarda en pulsar el botón verde menos de lo que ha tardado antes en pulsar el rojo.

-¡Amor!
-Pequeña, ¿qué tal?
-Ahora que te escucho, estoy perfecta, ¿y tú?
-Precisamente por eso te llamo, necesito que me hagas un favor.
-Pídeme lo que quieras.

¿Cómo le dices a alguien que te habla así que te preste quinientos euros? Julio se derrite al escuchar sus palabras y decide no hacerlo. No puede defraudarla. No puede contarle que ha perdido todo ese dinero jugando al poker. La cosa acabaría mal si lo hiciera. Decide decirle cualquier otra cosa que le haga sonreír.

-Mi problema es que necesito verte.
-Dime dónde estás.

¿Qué dónde estoy? Debajo de tu casa. La idea es que bajaras lo más rápida posible para darme el dinero… Tiene que volver a mentir.

-Estoy cerca. ¿Estás en tu habitación?
-Sí.
-Asómate por la ventana.

Noelia da una carrera y se apresura en alzar la persiana. Julio le saluda desde abajo.

-Cada vez me sorprendes más -dice Noelia mientras le responde al saludo con la mano.
-Esa es la idea, mi niña.



Erik aparca la moto junto a un taller de mecánica. Todo el mundo sabe que Luis, uno de los empleados que trabaja allí, es un friki de todo el mundo que rodea a las motos y, ese tipo de persona, es justo la que necesita Erik.

La venganza del Rey: Capitulo 11

Lunes por la mañana. Peor momento de toda la semana.
Un hombre se levanta a sabiendas de que, precisamente ese lunes, volverá a lo más amargo de su pasado. No podrá evitarlo en cuanto cruce la puerta de comisaría y su compañero se le eche encima en un intento de consolarlo.
Unas chicas se despiertan dispuestas a afrontar el nuevo día de clase.
Un chico llega a casa y abraza a su hermana pequeña que está desayunando mientras no quita ojo de una niña y un mono morado que le piden ayuda. A su madre tan solo le dedica una mirada. Una mirada en la que puede ver la decepción. ¿Dónde está ese niño pequeño que soñaba con ser actor? Ah, sí, míralo, ahí esta. Volviendo a casa a la misma hora que ella se toma el primer café del día.
Todo sigue su curso. El río sigue el cauce de cada lunes por la mañana pero hoy hay alguna que otra variación en uno de estos tres casos.
Carlos Lucena entra en comisaría y, como era de esperar, Santiago no tarda en alcanzarle. Camina a su lado sin ni siquiera saludarle hasta que Carlos entra en su despacho y allí, lejos de las miradas y de los oídos de los demás empleados, comienza la conversación.

-¿Lo has visto más?
-Casi obligo a mi hija a que se fuera de casa para dejar de hablar sobre el chico.
-Tu no tienes culpa de lo que pasó con el hermano de Erik.
-¿Qué no? Todo lo que le está pasando a esa familia es por mi culpa. El padre los abandonó, la madre trabaja duramente todo el día con el único consuelo de que eso servirá para poner la mesa y Erik… Erik trabaja para el cabrón de Cavallari. ¡Y todo es mi culpa!
-¿Recuerdas que a mi también me encargaron el caso de Alex Rivas? No te culpes solo a ti. Además, tengo buenas noticias -Carlos mira con interés a su compañero-. Acompáñame a la sala de interrogatorios.

Sincronizados sin haberlo planeado, cruzan la comisaría hasta entrar en la sala de interrogatorios. Santi le hace un gesto al policía que custodia al esposado para que se marche. Carlos no entiende nada pero Santiago se encarga de aclararle las ideas.

-Este señor es Germán Torres y trabaja para Cavallari. Dice que tiene cosas que contarnos.
-¿Qué cosas?
-Habla -le ordena Santiago a Germán.

Germán bebe un poco de agua de un vaso de plástico que tiene delante.

-Prometedme que si hablo quedaré libre y Cavallari nunca sabrá que he estado aquí.
-Te lo prometemos -Carlos habla por los dos.

Germán traga saliva, vuelve a tomar agua y comienza.

-Vosotros dos llevabais el caso de Alex pero él ya no está y su lugar lo ocupó su hermano. Cavallari le prometió que le daría el nombre del asesino de Alex para que se pudiese vengar, por eso nunca se quiso marchar hasta el otro día.
-¿Qué pasó el otro día?
-Erik fue a casa de Cavallari y Cavallari lo atendió como siempre: abrazos, alagos, promesas… A él es al único que trataba así, a los demás nos trata como a una mierda. La razón es que con él en el ring siempre sale ganando. Pero Erik no estaba allí para hablar con él, ni si quiera para pedirle un nombre o dinero. Estaba para comunicarle que abandonaba el barco.

Santiago, que estaba dándole un trago al café en el momento de escuchar esas palabras, empieza a toser y el café sale por donde ha entrado. Se maldice por haber hecho el ridículo delante del confesor pero lo disimula muy bien.

-Continúa por favor.
-En cuanto Erik se marchó, Cavallari me llamó. Quería darle un toque de atención y me eligió a mí como matón.
-¿Lo torturasteis?
-Ese era el plan, Cavallari no quería matarlo pero estuvimos cerca.
-¿Qué le hicisteis?

Germán siente como algunas gotas de sudor le recorren el rostro. Le llegan a la mente imágenes de aquella noche. De repente le entran ganas de llorar, pero se controla. Por un momento deja de hablar.

-¿¡Qué le hicisteis!? -grita Santi.
-Lo dejamos inconsciente en la calle, le colocamos una bolsa en la cabeza y lo llevamos a un garaje. Una vez allí Erik empezó a insultar a Cavallari y Cavallari decidió cruzar el límite. La idea era darle un par de puñetazos, pero Cavallari se enfadó. Casi lo ahoga echándole agua cuando aún tenía la bolsa de plástico puesta, me obligó a pegarle y más tarde Cavallari apagó su puro en el pecho de Erik. Seguimos castigándole hasta que volvió a quedarse inconsciente y lo tiramos en un parque.

Carlos y Santi se miran mientras Germán, con un peso menos sobre la espalda, se termina de beber el agua.

-¿Por qué deberíamos creerte?
-Soy amigo de Erik y le debo muchos favores.
-¿Piensas que eso es una buena excusa?
-Preguntadle a él y matadme si es mentira. Puede que ahora mismo me odie, pero antes éramos buenos amigos.
-Te tendremos encarcelado hasta que hablemos con Erik y nos confirme lo que has dicho.
-No por favor. ¡Tenéis que dejarme libre! ¿Y si Cavallari me busca y no me encuentra? Si se entera de lo que estoy haciendo me mata.

Santi se dispone a dar una voz para imponer su autoridad y su palabra sobre la de Germán, pero Carlos, que prácticamente no ha hablado, se le adelanta.

-Déjalo libre, Santi.

Santiago Garrido obedece. Le quita las esposas ha Germán y lo acompaña hasta la salida. Después vuelve junto a Carlos.

-¿Por qué me has pedido que lo deje marchar?
-Decía la verdad. ¿Recuerdas? Yo mismo he visto a Erik Rivas. Estaba echo una pena y con multitud de heridas por toda la cara.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Hablar con Erik. Pero no hay prisa, este tema acaba conmigo.



Adrián corre por el pasillo hasta encontrarse con Ainhoa y Noelia. Al llegar junto a ellas disimula.

-¡Qué casualidad! ¿Cómo estáis? -le da dos besos rápidos a Noelia y después se detiene un poco más en saludar a Ainhoa-. Ayer no te vi en todo el día.
-Bueno, tampoco tenemos que estar siempre pegados el uno al otro. No hay ningún motivo para ello.

A Noelia se le escapa una carcajada y, como si de un acto reflejo se tratase, se tapa la boca cuando Adrián la mira. Se disculpa ante Ainhoa y Adri y desaparece lo antes posible para poder soltar la carcajada a gusto.

-¿Sabes? Mañana estrenan una película que me gustaría ir a ver.
-Genial, podríamos ir todos.

Adrián decide tirarse a la piscina de una vez por todas y arriesgar.

-O solos tú y yo, ¿no?

Al chico se le hacen interminables los segundos que Ainhoa tarda en contestar. Parece uno de esos momentos en los que estás viendo tu programa favorito en televisión y deciden ir a publicidad en el momento más tenso. Finalmente, Ainhoa responde.

-Claro, ¿por qué no?

Al chico se le escapa una sonrisilla tonta de alivio.

-¿Te paso a recoger mañana a las nueve? -Ainhoa asiente-. Allí estaré… -se queda con ganas de añadir la palabra “amor”, pero se da cuenta de que sonaría demasiado cursi. Además, ya tendrá oportunidad de declararse tras la película.

Adrián se marcha andando con la cabeza bien alta. Orgulloso de si mismo. Se siente la persona más feliz del mundo. Ahora mismo no se encuentra ningún complejo.



Erik avanza intentando ignorar a Julio que le sigue sin dejar de suplicarle.

-Venga, te prometo que será la última vez.

Erik está tan cansado de su amigo que ya ni si quiera le dice que no con la cabeza, tan solo sigue andando. La gente mira a Julio como si estuviese loco, pero a él le da lo mismo y sigue insistiendo.

-Sabes que me matan como vaya yo solo.

Nada, que no dice nada. Erik hace ya bastante tiempo que dejó de escucharlo. Julio aumenta la velocidad y se pone frente a Erik para interrumpirle el paso. A Erik o le queda otra que frenar.

-¿Quieres escucharme? Por favor, me pongo de rodillas si quieres -junta las manos como si estuviese rezando-. Es la última vez que me meto en un lío de estos.
-Eso dijiste la última vez. Lo mejor es que vayas y aprendas a no jugar a las apuestas.
-Te equivocas. Esta vez no ha sido apostando. Ha sido jugando al poker.
-Eres gilipollas Julio.
-Lo sé. ¿Crees que no estoy arrepentido? No dejes que me maten -mira su reloj-. Tengo que estar allí en cinco minutos y no puedo pagárselo todo hoy.
-Pues no vayas a la cita.
-Entonces va a ser peor.

Erik mira los ojos brillantes de su amigo. No es la primera vez que pierde todo su dinero de forma estúpida. Si al menos alguna vez ganara… ¡Pero sale perdiendo siempre! Y después le toca a él arreglarlo todo. Está claro que no va a dejar que lo maten… no permitirá ni que le den un par de collejas -que, por otra parte, se las merece-. Pero si permitirá que le metan algo de miedo para que no vuelva a suceder.

-No voy Julio.

Julio se frota la cabeza con desesperación.

-¡Gilipollas!

Julio empieza a andar en dirección contraria para no llegar tarde a la cita. Erik hace como si no le hubiese insultado. Incluso se permite el lujo de mofarse.

-Nos vemos luego, guapo.

Espera quieto a que Julio cruce la esquina y, en ese momento, Erik sale tras él intentando que no le vea. En poco tiempo Julio llega al barranco donde había quedado con su adversario de la partida de poker. Erik se limita a observar la situación mientras permanece escondido.

-¿Traes lo mío? -le pregunta un hombre algo canoso al que le respaldan dos armarios.

Julio saca del bolsillo trasero de su pantalón un sobre y se lo entrega al hombre. El tipo empieza a contar el dinero y cuando acaba suelta una risotada.

-Faltan trescientos.
-Lo sé. Te juro que te los conseguiré -dice con la voz un tanto temblorosa.
-También juraste que lo tendrías todo para hoy.
-Y te lo he traído casi todo.

El hombre la hace un gesto a uno de sus guardaespaldas y el matón se acerca a Julio. Lo coge del cuello de la camiseta y lo levanta con suma facilidad.

-Por favor, te juro que lo traeré cuanto antes.
-¿Cuánto antes?
-Mañana. Mañana estará todo aquí sin falta.

El matón mira al tipo y éste le hace un gesto para que vuelva a soltar a Julio en el suelo.

-Ni un día más. Mañana a las once en punto aquí.
-Gracias.
-No me las des. Si no traes los quinientos…

Julio lo interrumpe.

-Creí que eran trescientos.

El hombre dibuja en su cara una media sonrisa.

-¿Has oído hablar de los intereses? Yo no doy nada gratis, ni si quiera el tiempo. Quinientos euros. ¿Lo has entendido? -Julio asiente-. ¿Sabe lo que pasa cuando me enfado? -Julio no contesta, pero se lo imagina-. Espero que no falles.
-No lo haré.

El tipo se marcha junto a sus dos “amigos” musculosos. Julio sale del barranco y Erik permanece oculto hasta que su amigo desaparece por completo, después sale. Está claro que Julio no va a poder conseguir quinientos euros de un día para otro.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mi problema con internet

Os pido disculpas porque estoy teniendo problemas con internet. Hoy he subido un capitulo porque al dichoso router le ha dado por funcionar. Si le da por lo mismo en este fin de semana, subiré unos cuantos capitulos para recompensar y avanzar en la historia porque ahora mismo entre las clases y el instituto no me da tiempo a casi nada.
Besitos a tod@s.

La venganza del Rey: Capitulo 10


Ainhoa entra al salón. Su padre hace como que ve un partido de rugby, pero ambos saben que eso no es cierto. Nunca le ha llamado la atención el rugby, él es más de fútbol y tenis. Es obvio que sigue pensando en Erik.

-¿Papá?

Carlos mira a su hija y asiente a la vez que hace un gesto para invitarla a sentarse junto a él.

-¿Qué te pasó antes?

El policía sonríe en un intento de disimular.

-Uno no ve todos los días a un chico en la cama de su hija.

Y la vergüenza inunda cada parte del cuerpo de Ainhoa. ¿No podría elegir otras palabras? ¿Por qué tiene que ser tan brusco? Seguro que lo hace para acabar cuanto antes con la conversación pero ella no está dispuesta a caer en la trampa.

-Lloraste cuando te dijo su nombre.
-Eso no es verdad.
-Sabes que sí. ¿Qué pasa? ¿Qué tiene su nombre de especial?
-Su nombre tiene de especial que es el nombre del primer novio serio de mi hija.
-¡No es mi novio!

Y justo en ese momento Carlos sonríe. Lo ha conseguido. Ha conseguido cambiar los papeles. Ahora él es el detective y ella la que lucha por no ser demasiado torpe a la hora de contestar las preguntas.



Erik está tirado en el sofá, abrazado a su hermana y viendo uno de esos dibujos para críos que siempre te piden ayuda para todo. Al parecer es lo más normal del mundo que una madre deje que su hija se recorra el mundo con un mono morado y un mapa que habla… Es fin, por lo menos Lucía se entretiene y produce alguna que otra sonrisa en el rostro de Erik cuando contesta a las preguntas de la niña y el mono.
Tocan a la puerta y abre Clara, la madre de Erik, quien deja entrar al  recién llegado. Erik no presta atención a quien acaba de entrar por la puerta hasta que siente como alguien le da un guantazo en la nuca. Se gira rápidamente y ve a Julio.

-¿Qué haces aquí?
-¿Es así cómo me tratas? Vengo a decirte que… -los ojos de Julio se topan con las heridas de Erik-. ¿Qué te ha pasado?

Clara sale a la velocidad de la luz de la cocina al escuchar la pregunta del amigo de su hijo. Erik no ha querido darle explicaciones a ella y, si se las da a Julio, ella no piensa perderse un solo detalle. Tiene derecho a saber que pasa en la vida de su hijo.
Erik mira de soslayo hacia la puerta de la cocina y descubre que su madre espera impaciente para escuchar la historia.

-Vamos a dar una vuelta y te lo explico todo.

Erik agarra a su hermana por debajo de los sobacos y la aparta para poder salir del sofá.

-¿Te vas? -pregunta algo triste la niña.
-Vuelvo pronto.
-¿Vas a quitarte la pintura de la cara?

Julio no puede evitar reírse y Erik lo fulmina con la mirada. Después, vuelve a mirar con toda la dulzura del mundo a su hermana.

-Creo que me dejaré la pintura unos cuantos días más.
-Pues así estás más feo.
-¡Qué voy a estar más feo!

Lucía se pone de pie sobre el sofá para alcanzar a tocarle el ojo, Erik se queja y se retira tan pronto como le es posible.

-¿Te duele?
-No, no me duele. Lo que pasa es que si me tocas el ojo se me va la pintura y no quiero quitármela aún.

La pequeña hace un último intento y para ello acude al amigo de su hermano.

-Julio, ¿a ti te gusta el ojo morado?

El rubio abre la boca para contestar, pero Erik se le adelanta.

-¿No ves el mono? ¡El mono de la tele también es morado! Y a ti te gusta, ¿no?

Tras decir eso se apresura en salir cuanto antes para que Lucía no siga haciendo preguntas ni comentarios acerca de su cara.
Los amigos montan en la Yamaha r1 negra y se escapan a su lugar. Sí, su lugar, porque no va absolutamente nadie. La gente es tan vaga que no se interesa por saber lo que hay un poco más allá de donde viven y, a los que les pica la curiosidad, se les concede la oportunidad de olvidarse de todo en esa pequeña zona que parece sacada de una utopía. Perfecta. No hay otra definición.
Aparcan la moto y se tumban en la hierba que hay junto al lago. Erik le cuenta con pelos y señales todo lo sucedido la noche anterior, al menos, todo lo que recuerda y, al menos, todo lo relacionado a Cavallari pues toda la historia de Ainhoa se la calla.
Pasa el rato sin que ninguno de los dos abra la boca. Ninguno dice nada y no por falta de ganas sino por falta de valor. Porque ambos tienen algo que contar. Algo que callan por miedo a que el otro le insulte. ¿Cómo le cuentas a tu mejor amigo que estás empezando a sentir algo por una chica? Parece fácil pero ¿cómo se lo cuentas si nunca habéis hablado de algo parecido? ¿Cómo se lo cuentas si juntos habéis criticado a los enamoradizos? Si juntos habéis odiado las películas románticas, si juntos os habéis reído de otros amigos que han confesado el “crimen”.
Tanto que decir y tanto que no dicen. Mismo problema, misma forma de resolverlo. Misma opinión el uno del otro. Son tan parecidos… son tan parecidos que se olvidan de lo que no se atreven a contar y acaban durmiéndose.



Mientras tanto en casa de Noelia la situación es bien distinta. Ainhoa ha huido a la casa de su amiga tan pronto como le ha sido posible. Preguntas como: <<¿Y cuánto hace qué lo conoces>> Le han llevado a ello. Aunque el colmo ha sido cuando su padre ha hecho la peor de las preguntas: <<¿Tomáis precauciones?>> Entonces es cuando ha decidido salir corriendo con las excusa de que había quedado con Ainhoa.

-¿Y qué pasó después?
-Lo llevé a mi casa.

Noelia se entusiasma aún más al escuchar la última respuesta.

-¿Y después?
-Lo curé.
-¿Y después?
-¡Quieres dejar de repetir la misma pregunta una y otra vez!
-Oye que no soy yo la que da respuestas tan secantes. ¡Cuéntamelo todo y acabamos antes!
-Eres una cotilla.
-¿Y si te digo que yo también tengo algo que contar?
-¿Algo sobre qué?
-Si cuentas tú, cuento yo.
-De acuerdo.

A Ainhoa no le queda otra escapatoria que describir con pelos y señales cada momento, cada pensamiento que se le cruzaba por la cabeza al tenerlo cerca, cada detalle, cada palabra, cada gesto y también lo que tiene que ver con su padre. Cuando los pilló, cuando empezó a llorar sin motivo alguno y salió corriendo y, sobre todo, cuando el muy listo le dio la vuelta a la tortilla y ella se vio obligada a darse a la fuga.

-Te toca.
-¡¿Has dicho que se llama Erik Rivas?!
-Sí, eso he dicho.
-¡Es el amigo de mi Julito!
-¿Tu Julito? ¿Qué ha pasado en tu vida últimamente?
-¿Recuerdas el chico por el que te dejé tirada el otro día?

A Ainhoa le sorprende que su amiga hable tan claramente acerca de ese aspecto. <<Te dejé tirada>> ¡Hasta ella lo admite!
Noelia hace como si nada y sigue con la historia.

-Pues estoy con él y me sorprendió porque es muy sensible.
-¿Sensible? ¡Si era el típico macarra!
-Perdona pero eso es por culpa de gente como Erik Rivas. ¿Sabes lo que supone contar ciertas cosas ante sus amigos? Algún que otro chico confesó su historia de amor ante ellos y solo recibió insultos, carcajadas y humillaciones… ¡Incluso a uno le dieron una paliza! Son unos bestias y eso incluye a Erik…
-Y el único rayo de luz que hay entre tanta tiniebla es precisamente Julio, ¿no?
-¿Por qué no puede ser así? ¿Pretendes que me crea que es Erik?
-Pues, te confieso que en algunos momentos me enamora, pero después vuelve a ser el mismo imbécil de siempre y todo vuelve a la normalidad. Todos los de esa pandilla son iguales.
-Yo sigo diciendo que Julio es distinto.
-¿Y si es distinto por qué eligió unos amigos así?
-Ainhoa, estoy completamente segura de que él es distinto. ¿Sabes qué? Lo voy a poner a prueba.

Ainhoa suspira. Es imposible hacer entrar en razón a Noelia. Cuando le da por algo no ve más allá de ello. Lo mejor será dejarle hacer lo que quiera y cuando se de cuenta de que Julio no es una excepción será el momento de consolarla.